"LAS VARIACIONES GOLDBERG", DE GEORGE TABORI, EN BUENOS AIRES

Mi biblia, farsa

Tabori tiene varias cualidades: es muy buen escritor, siempre es inteligente, inventivo y culto, tiene sentido del humor, un humor tan urbano y sutil que le permite tomar en solfa desde los hornos de los campos de exterminio hasta las imágenes cristianas de la Pietá. Es una buena compañía. El tono de Tabori es siempre fraternal y el espectador sabe desde las primeras líneas que el autor ha de entretenerlo, un poco ha de inquietarlo. Sabe que será seducido por su gracia mercurial, por su levedad y su travesura a lo Puck; sabe que aprenderá, aunque tal vez no aprenda nada importante; sabe, finalmente, que ha de despedirnos con una sonrisa tierna y pícara mientras nos palmea el hombro. Toda esta calidad humana, toda esta gentileza, amabilidad y buena educación no pueden cerrarnos los ojos sobre el hecho de que Tabori nunca llega a redondear un drama, y menos aún una tragedia.

En Las variaciones Goldberg el autor nos presenta a un director de teatro, Mr. Jay (Alfredo Alcón), que se convierte por momentos en Mr. Yahweh, que con el auxilio de un servicial y lúcido asistente de dirección, Goldberg (Fabián Vena) intenta poner en escena toda la Biblia; quizás intenta componer variaciones juguetonas sobre temas bíblicos. Mr. Jay es un tanto megalómano y otro poco vulgar; Yahweh es modesto y un tanto incompetente. Sus criaturas saben acotarle que si bien el hombre no es Dios, a veces Dios tampoco lo parece. Mr Jay es compulsivamente mujeriego, Yahweh agobia a Moisés (también interpretado por Goldberg – Vena) con normas impopulares; el profeta observa que si bien los diez mandamientos nos enseñaron a ser buenos, no nos enseñaron a ser felices… En un tono de broma educada, Tabori pasa revista y bromea con las arbitrariedades e inconsecuencias del Antiguo Testamento, desde la historia de Caín y Abel hasta el Becerro de Oro, pasando por la zarza en llamas; en algún momento el tambaleante Yahweh recurre a hablar con palabras de Dostoievski («Si Dios no existe, todo está permitido») y mantiene un continuo, sí que demoledor, paralelo con Mr. Jay, que no sólo exhibe carencias morales sino que también se revela un director chapucero, al punto que al final habrá de ceder su lugar, con la naturalidad inerte con que cae del árbol una fruta madura, al dulce Goldberg y los actores. Se comprende el clima: hay algo de Mel Brooks, una dosis de Monty Python, una pizca de Woody Allen.

La puesta en escena de Roberto Villanueva, que logra reproducir en la acción el espíritu armónico y vivaz de Tabori, se apoya en una muy eficaz y funcional escenografía de Oria Puppo, en la música de Juan Sebastián Bach y Oscar Edelstein y en los virtuosismos de iluminación a que nos tiene acostumbrados Jorge Pastorino. La interpretación tiene puntos altos en los disparos imaginativos de Alcón, siempre cómodo cuando se sitúa entre la realidad y la fantasía, muy preciso en su contrapunto con Goldberg (Fabián Vena, en una muy buena labor) y fue muy bíblica y sugestiva la mujer fatal, llamada por algo Teresa Tormentina, de Verónica Piaggio. ¿Qué relación tiene la obra con las «Variaciones Goldberg» de Bach, que se oye parcialmente ? Ninguna. El título es una broma más de Tabori. *

 

LAS VARIACIONES GOLDBERG, de George Tabori, por el Complejo Teatral de Buenos Aires, con Alfredo Alcón, Fabián Vena, María Ibarreta, Pablo Rinaldi, Gabo Correa, Franco Verdoia, Marita Ballesteros, Verónica Piaggio, Santiago Pedrero, Nicolás Abeles, Martín Chiara, Lautaro Delgado, Sergio Grimblat, Maxi Moldavsky y Javier Van De Couter. Escenografía de Oria Puppo, vestuario de Julio Suárez, iluminación de Jorge Pastorino, música y dirección musical de Oscar Edelstein, dirección de Roberto Villanueva. Estreno del 22 de mayo, Teatro San Martín, sala Martín Coronado, Buenos Aires.

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