"TOQUE DE QUEDA", DE CARLOS GOROSTIZA, EN EL TEATRO SAN MARTIN DE BUENOS AIRES

Quedados al toque

La situación inicial es conocida: un militar, el capitán Pericles (Villanueva Cosse) se introduce en una casa de familia de clase media; pronto tiraniza al padre haragán (José María López) seduce a la madre (Lucrecia Capello) y domina al hijo (Nicolás Mateo) y a su novia (Micaela Iglesias), hacia la que se inclina desde la primera escena. El lector inteligente habrá comprendido ya que el capitán Pericles representa al ejército, y aún al autoritarismo; que la familia es una metáfora de la sociedad, átona y anómica, al punto que el espectador estaría con el capitán Pericles, si no se dedicara, casi exclusivamente, a hacerse odiar. Se adivina de inmediato la trama, el progresivo avasallamiento de la familia por el señor prepotente; pero no el final, con la imposible rebelión de los esclavos, luego de la cual viene un más imposible anticlimax donde, como los Drácula, los Jason y los Freddy Kruger, los militares renacen de sus cenizas, ominosos e inmortales. No hay esperanzas.

El tema, casi infantil, podría hacerse perdonar con una brillante ejecución; pero los diálogos son chatos, desmayados, sin ingenio, alusiones, metáforas o pluralidad de sentidos. No hay explicación para la conducta de Pericles, lo que conduce a la teoría del loco, o del demonio. No existe en la pieza, y por lo tanto parece que no importan en la sociedad, ni la economía ni el dinero, salvo en la fútil circunstancia de que los jóvenes no tienen dinero para un hotel donde acoplarse. Los personajes son de una pieza: el capitán Pericles es tan prepotente como vacuo; el matrimonio, un marido nulo y una mujer sin alma, languidece en el tedio; a los jóvenes se asigna una sombra de rebeldía, que no se justifica. Como apólogo, como teatro de ideas, «Toque de queda» no tiene ideología ni conducirá a ninguna polémica; como teatro naturalista no tiene realidad, y no recordaremos a ninguno de los personajes. El desenlace, con su acción física, zarandea la escena, pero no la conmueve. Villanueva Cosse pone en escena su personalidad y su arte hasta el punto de hacer del sombrío capitán el centro de la obra; pero tanto él como Lucrecia Capello merecían un libreto mejor. *

 

TOQUE DE QUEDA, de Carlos Gorostiza, por el Complejo teatral de Buenos Aires, con Villanueva Cosse, Lucrecia Capello, Nicolás Mateo, Micaela Iglesias y José María López. Música con fragmentos de «El mandarín maravilloso», de Bela Bartok, escenografía y vestuario de Jorge Ferrari, iluminación de Héctor Calmet y Miguel Morales, dirección de Carlos Gorostiza y Daniel Marcove. En sala Casacuberta del Teatro San Martín, Buenos Aires.

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