Hablemos de Diego Rivera
El evento constará de varias actividades y la presentación estará a cargo del embajador de México en nuestro país, Jesús Puente Leyva, quien en su alocución se referirá a la ironía y el humor del artista mexicano. Luego se exhibirá el video Diego Rivera, que forma parte de la serie documental «Imagen viva de México». Posteriormente se inaugurará una exposición que consta de la reproducción en gran formato del mural Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central, así como una serie de fotografías titulada «Diego y sus coetáneos: Frida, Siqueiros, Neruda, André Bretón, Luis Cardoza y Aragón, y la obra «Frida intemporal, Frida viva», realizada por la artista uruguaya Mónica Pácker. También se exhibirán materiales bibliográficos.
Será a las 19.30 horas en el Palacio Santos (sede del Ministerio de Relaciones Exteriores), la entrada será por Cuareim 1384.
A los sesenta años de edad, Diego Rivera había pintado murales en más de veinte sitios diferentes, tanto en México como en Estados Unidos. En 1946 fue contratado para ejecutar un mural en el Hotel del Prado, ubicado sobre la Avenida Juárez, en el extremo suroeste de la Alameda Central de la Ciudad de México. Al año siguiente, en 1947, Rivera concluyó el mural «Sueño de una tarde dominical en la Alameda Central», en el salón comedor del mencionado hotel. La pintura fue hecha al fresco sobre una superficie de 74m2.
El pintor ejecutó el trazo original de la obra directamente sobre el muro. Concebido como el relato de un sueño, Diego Rivera en un imaginario paseo por la Alameda, realizó una síntesis de la historia de México representado por algunos de sus protagonistas más importantes o significativos.
Rivera presentó el pasado y el presente a partir de varios planos. El recorrido histórico se inicia al lado izquierdo, en el primer segmento representa la conquista y la época colonial; evoca los grandes acontecimientos del siglo XIX, como la Independencia, la invasión norteamericana, los once gobiernos del general Antonio López de Santa Ana, la Intervención francesa y la Reforma. En esta primera parte Diego Rivera utilizó a los personajes que se encuentran en primer plano para evocar el pasado.
El segundo gran segmento y parte central del mural, está compuesto por tres figuras fundamentales: Diego Rivera, la «Calavera Catrina» y su autor, el grabador José Guadalupe Posada. En esa parte, Rivera se autorretrató como niño de nueve años tomado de la mano por la «Catrina», interpretación que el pintor hiciera del huesudo personaje femenino, como homenaje a Posada.
Esta sección evoca principalmente el período conocido como el porfiriato (cuando el dictador Porfirio Díaz gobernó México, desde fines del siglo XIX a la primera década del XX). Como testigos, el propio Rivera y personajes importantes de su vida, su tercera esposa la pintora Frida Kahlo y el grabador Posada, a quien Rivera veía trabajar diariamente en su camino a la Academia de San Carlos, donde ingresó a muy temprana edad.
La tercera sección aborda los movimientos campesinos y las luchas populares que culminaron en el movimiento revolucionario de 1910 y el período posrevolucionario, simbolizado por las figuras de la familia campesina, el joven obrero revolucionario. El México moderno está representado por una simbólica figura presidencial, la nueva burguesía, la arquitectura contemporánea y la industria.
Rivera se vuelve a autorretratar niño endomingado, e incluye las imágenes de Lupe Marín, su segunda esposa, sus dos hijas, Ruth y Lupe, y la de su nieto Juan Pablo. Sin olvidar la presencia del pueblo, representado por las figuras de los vendedores de tortas, frutas y rehiletes, los campesinos y los obreros.
Diego Rivera terminó el mural el 13 de setiembre de 1947; en él aparecen más de 140 figuras diferentes, que integran una galería de magníficos retratos.
El arte de Rivera constituyó uno de los pilares sobre los que habría de asentarse uno de los más pujantes movimientos de la pintura americana: el muralismo mexicano. Su arte depende en gran manera de un vocabulario surgido de una mezcla de Gauguin y la escultura azteca y maya. Realizó una obra vastísima como muralista, dibujante, ilustrador y escritor, desarrollando al mismo tiempo actividad política. Diego Rivera, en formas simplificadas y con vivo colorido, rescató bellamente el pasado precolombino, al igual que los momentos más significativos de la historia mexicana: la tierra, el campesino y el obrero; las costumbres, y el carácter popular. La aportación de la obra de Diego Rivera al arte mexicano moderno fue decisiva en murales y obras de caballete; fue un pintor revolucionario que buscaba llevar el arte al gran público, a la calle y a los edificios, manejando un lenguaje preciso y directo con un estilo realista, pleno de contenido social. Paralelamente a su esfuerzo creador, Diego Rivera desplegó actividad docente en su país, y reunió una magnífica colección de arte popular mexicano. *
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