Este filme es el debut como director de Denzel Washington
El protagonista, marino y negro, exhibe una vocación por la pelea que lo mete en varios problemas y termina hartando a sus superiores en la Armada Norteamericana, quienes finalmente resuelven someterlo a una evaluación psiquiátrica antes de decidir darlo de baja. Allí da comienzo el enfrentamiento entre este Antwone Fisher (Derek Luke) y el psiquiatra de la marina a cargo de la evaluación (Denzel Washington), una relación hecha primero de silencios y reticencias, irritación y desconfianza, hasta que poco a poco el paciente se va abriendo, cuenta una historia dolorosa y promueve algún mutuo enriquecimiento humano.
Lo que surge a través de ese relato es un drama personal escrito por el propio interesado, quien volcó en el asunto mucho de autobiográfico aunque reconoce haber introducido un margen de ficción. El cuadro incluye abandono paterno, abuso infantil, una vocación artística estorbada por la hostilidad del medio, ser negro y pobre en medio de una sociedad blanca y a veces racista, y la necesidad de salir a buscar a la familia perdida para encontrarse con las propias raíces. Al final, no sólo el paciente sino también el psiquiatra habrán hecho frente a algunos fantasmas personales.
El filme puede resultar bastante representativo de cierto Hollywood de hoy empeñado en dejar atrás el espectro del prejuicio racial, e incorporar a algunas notorias figuras «afroamericanas» al cine mainstream. Que Halle Berry y Denzel Washington hayan sido los ganadores del Oscar de actuación el pasado año es todo un dato, y ese dato se amplía con el ofrecimiento a Washington para que dirija esta película en la que seguramente vio reflejadas también algunas experiencias personales.
La cierta preocupación moral que recorre Antwone Fisher, la afirmación final de que es posible salir adelante pese a que todo parezca estar en contra, no es solamente muy norteamericana sino que probablemente refleja una postura propia de Washington, no en vano hijo de un religioso e intérprete destacado que empezó en pequeños papeles, creció hasta ser realmente una de las estrellas del Hollywood de hoy.
Aunque la infancia y juventud de Washington han sido ciertamente menos dramáticas que las de su protagonista, no deja de haber paralelismos entre las dos historias: un comienzo difícil, una vocación artística, una madurez que confirma la vigencia del «sueño americano». Razas a un lado, Washington es una de las reales figuras del Hollywood de hoy, y un actor versátil capaz de transitar por diversos géneros con verdadera comodidad. No es un mero cómico charlatán como Eddie Murphy, o un individuo cuyo físico lo reduce prácticamente a tareas de «héroe de acción» como Wesley Snipes, no tiene el aire «salvaje» que le permitió a Lawrence Fishburne hacer de Otelo pero demasiadas otras veces lo ha condenado a películas de aventuras, su presencia es menos avasallante que la de un Samuel L. Jackson.
Con Antwone Fisher, Washington da otro paso en su carrera: desempeñarse como director (además de actuar) en un drama con el que debió sentirse personalmente implicado.
El joven protagonista de la pelicula, Derek Luke (Jersey City, New Jersey, 24 de abril de 1974), había hecho algunos papeles menores en televisión (un par de apariciones en la serie The king of Queens) antes de que Denzel Washington le ofreciera el personaje titular de Antwone Fisher. Este ha sido, de hecho, el filme que lo colocó en carrera, dándole la oportunidad de actuar en otras dos películas en 2003 (Pieces of April, Biker Boyz) y de estar ya rodando una tercera (Spartan).
Por su labor en Antwone Fisher obtuvo el Independent Award (esa suerte de Oscar del cine independiente, que se otorga un día antes que los premios de la Academia), y cuando subió a recibirlo recordó que
cuatro años antes había participado en esa misma ceremonia… trabajando como camarero. *
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