HECTOR BABENCO EN CANNES

"En Brasil hay hoy más violencia en las calles que en los presidios"

Carandirú, que narra la tragedia de la cárcel de São Paulo es la tercera obra de Babenco que transcurre en un presidio, después de Pixote y El beso de la mujer araña, una constante que el director explica por ese significado metafórico «pese a que esta película es tan realista que parece hiperrealista».

«La cárcel para mí tiene el significado del límite» (…), «una sociedad que aprende a manejarse socialmente dentro de un área cerrada y clausurada me pareció un desafío fascinante para contar una historia y desarrollar otras historias dentro de ella», dijo.

«Estudios hechos con ratones en la década de los 50 rigieron el estudio del comportamiento humano durante casi 50 años. Cuando se colocaban más ratones en un espacio reducido la violencia crecía y se creía que con los hombres pasaba lo mismo. Hasta que en los años 90 estudios similares hechos con gorilas y chimpancés mostraron lo contrario: que cuando se aumenta la población en un área circunscrita la violencia decrece», explicó el director.

Añadió que «esa idea, por más simple que parezca, fue la que me llevó a querer hacer una película en un lugar confinado en el que hay lugar para 3.000 personas pero viven 7.500 u 8.000, y la violencia no existe en la proporción que podría» suponerse.

«Hoy en día en Brasil hay mucha más violencia en la calle, fuera de las cárceles, que dentro de las cárceles», recalcó.

¿Se puede conocer una sociedad a través de sus cárceles? «Yo creo que sí. Se puede conocer por lo menos la idiosincrasia de aquéllos que han sido juzgados y condenados, y a los que tanto tememos, que son personas como las otras, que también tienen familia, padres, madres y hermanos, pero que tienen una carencia absoluta, y una orfandad por parte del Estado, que no les ha dado desde el inicio de su vida absolutamente ninguna infraestructura para que puedan crecer conociendo por lo menos los códigos esenciales de ética y moral, la idea de la tolerancia y del respeto del otro», respondió el director.

El mensaje que nos deja Carandirú es que «una sociedad que no se organiza de manera más comprensiva para sus desposeídos, tendrá cada vez más carandirúes, cada vez más violencia», insistió.

Babenco vuelve con esta obra a hacer cine después de varios años de inactividad a la que lo obligó la enfermedad.

«Esta película es para mí una coincidencia muy feliz, porque el hombre que escribió el libro en el que está basada es el médico que me curó del cáncer y tenemos una relación de catorce años, durante los cuales yo seguí el proceso de escritura del libro. Se estableció una relación muy especial. Y cuando yo me curé, el libro estaba ya en las vidrieras», contó.

«Yo estaba muy mal, muy carente de fantasía propia después de salir de un trasplante de médula ósea y de un tratamiento muy duro, y el leer el libro con formato de libro, no ya en páginas sueltas, me devolvió las ganas de trabajar». Dos años después la película estaba en marcha, confió el cineasta a la AFP.

Nacido en Argentina y radicado en Brasil, donde se nacionalizó, Babenco explica que se siente de los dos países.

«Soy una mezcla. viví en Argentina hasta el final de la adolescencia y debo a Argentina una formación intelectual seria, una curiosidad y un respeto por el mundo, un amor por la literatura, un amor por el cine, un respeto por el arte y una melancolía y una tristeza que son muy argentinas y que me dan miedo. Brasil me dio la alegría de existir, la confirmación de que para ser feliz no hay que ser triste y de que la vida puede ser algo más relajado y más tranquilo», dijo.

Después del éxito de «Carandirú», el cineasta no ha emprendido todavía otros proyectos.

«Creo que tengo que disfrutar un poco el éxito de esta película, voy a llevarla a Estados Unidos, seguirla un poco, cuidarla, aprovechar este momento que estoy viviendo», indicó. *

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