Prohibido para nostálgicos
«Amas de leche»
La vimos en la parada esperando el ómnibus, piba flaquita y paliducha con un bebé recién nacido en sus brazos. Es una imagen repetida en la esquina del Pereira Rossell y muchos se hacen los sotas.
Un cínico comenta: «Â¡Quién la manda tener hijos!» La memoria se conmueve y hoy le dedica sus versos a esas chiquilinas que en este país para nada divertido se animan a traer más uruguayitos.
Vamos a contar sobre una milagrosa estampa de la maternidad en aquellos días de la vieja capital.
Les llamaban «las amas de leche» y qué viejo vecino no se llena de ternura al recordarlas.
Cuando en el barrio nacía un niño y la madre por su precaria salud no podía alimentarlo, ahí aparecían ellas. Matronas, muchas hace poco bajadas del barco de inmigrantes, senos desbordantes de la vitalidad que otras no tenían. Tanas o gallegas con muchos hijos, a veces ligaban unos vintenes ayudando a dar vida.
Todavía no se habían popularizado los sustitutos de la leche y tampoco las madres les tenían confianza.
Muchas de esas «amas de leche» andaban por las salas del llamado «Hospital de los Niños» y allí muy cancheras ofrecían sus servicios. Para un público de bolsillos gordos trillaban los pasillos de la legendaria mutualista «Fraternidad».
En este laberinto de añoranzas las estamos viendo como mujeres fortachonas, de pechos grandotes y caras con cachetes muy colorados. Polleras muy largas y cabellos apretados en la pañoleta, ¡cuántos botijitas de esas primeras décadas les agradecen por siempre! Entre ellos, nosotros, que, al perder a nuestra madre en el mismo nacimiento, fuimos amamantados por una española que dio toda su radiante energía. Muchas de esas «amas de leche» que vivían por la Villa de la Unión eran buscadas diariamente por cachilas que las llevaban y traían hasta el aristocrático Prado o al coqueto Capurro. Familias de alcurnia que tenían la misma carencia.
Postal del ayer, tremendas mujeres, desbordantes de vida alimentaban tanto al hijo de un obrero del frigorífico como al bebé primerizo de aquel millonario político que llegó a ser presidente.
Que todo ese vital elixir pueda traspasar los años y le dé su entrañable energía a la pibita que, con su bebé en brazos, esperaba el ómnibus en la esquina del Pereira. Quizás así podremos derrotar al cinismo y la indiferencia. Los esperamos, sábados y domingos a las 19 horas en 1410 AM LIBRE. *
Coordinación: Angel Luis Grene
Compartí tu opinión con toda la comunidad