Grabados de Picasso en dos museos

A treinta años de la muerte de Picasso, medio centenar de grabados se conocerán en dos museos montevideanos.

No es la primera vez que la obra de Pablo Picasso (1881-1973) se exhibe en Montevideo. En Amigos del Arte durante la presidencia de Susana Soca se presentaron óleos (estupendos) de su colección, la Windsor Gallery de la calle 25 de Mayo, en los años 50, trajo una selección de grabados presentados por Jorge Romero Brest, la Colección Di Tella incluyó un enorme óleo del genial malagueño en el Centro de Artes y Letras, mientras el Museo Nacional de Artes Visuales desplegó un centenar de grabados provenientes del Museo de Arte Moderno de Nueva York e incluyó una tela en la muestra sobre surrealismo. El mismo museo del Parque Rodó posee seis grabados de Picasso, conocidos en diversas oportunidades y que ahora se volverán a colgar. En Punta del Este, galería Sur, reunió 17 de sus grabados eróticos y Sueño y mentira de Franco.

Hoy, a las 19.30, en el Museo Torres García, se inaugurará la muestra Picasso desde Málaga. Consiste en 44 grabados provenientes de la Fundación Picasso de la ciudad natal del artista: nueve aguafuertes (La danza bárbara, 1906, Las tres bañistas II, 1923, Bañistas en traje de baño con el tiempo nublado,1933, Escultor y su modelo, 1933, Sueño y mentira de Franco, 1937, Françoise, Claude, Paloma: La lecture et les jeux, 1953) y un linóleo (Picador entrando en la arena, 1959), además de una selección de treinta y cuatro estampas de libros ilustrados (Vingt poèmes, Góngora, 1948, Carmen, Prosper Merimée, 1949, Corps perdu, Aimé Césaire, 1950, Chroniques des temps heroïques, Max Jacob, 1956, Les menines et la vie, Jaime Sabartés, 1958, y Dos contes, Ramón Reventós, 1947).

Picasso desde Málaga es una exposición pequeña para un museo pequeño e intimista (los grabados de Vieira da Silva, las fotografías de Gilbert, los cuadros de Barcala fueron ideales para ese espacio) que no pretende (ni puede) ser ni retrospectiva ni ilustrativa de diversos períodos y técnicas en un lenguaje gráfico donde el torrencial Picasso dejó más de dos mil estampas y 200 mil ilustraciones y dibujos.

Como Rembrandt, como Goya, los grabados de Picasso, aún conservando relación con la pintura, son autosuficientes y poseen una indudable autonomía expresiva. Si estos tres genios hubieran dejado solamente el testimonio de sus grabados, la fama posterior hubiera quedado intacta. Porque Picasso fue uno de los mayores dibujantes y grabadores de todos los tiempos. En su extensa trayectoria, desde 1899, fecha del primer grabado (El zurdo) hasta 1972, un año antes de morir, cuando había celebrado el 90º aniversario, ejercitó el acto de grabar y la experimentación con las diversas técnicas.

En todo momento surgió su inventiva asombrosa, hecha de memoria y olvido, de hallazgos sorprendentes, de vitalidad que no conoce pausa ni serenidad, arrastrado por una incontenible necesidad de crear.

Los grabados eróticos de su vejez son de una jovial inventiva, de una frescura y desenfado inigualables, donde el pulso sobre la plancha de metal nunca falló.

Por eso, cualquier exposición de Picasso es bienvenida porque supone, a cualquier escala, el encuentro con el legado de un genio que dominó el siglo XX con su portentosa imaginación y abrió infinitos caminos (que no siempre profundizó o recorrió) a todos los artistas del mundo. *

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