Cine cubano en Viva la Diferencia
Todo resulta al mismo tiempo muy cubano y bastante español, tal vez porque hay influencias culturales que han saltado el océano. O quizás se trate simplemente de un gusto por el disparate y el absurdo que tiene origen peninsular y los conquistadores españoles se llevaron a América, donde se instalaron en muchos lados, incluida Cuba. Entre la comedia caribeña con tintes surrealistas y una tradición española de la picaresca y el esperpento, dos vertientes que se continúan la una a la otra, Las noches de Constantinopla tiene que ver con un aficionado a la pornografía que debe ocultar sus preferencias para no aterrorizar a su abuela, descripta como «culta pero retrógrada». Cuando la anciana descubre la vocación de su nieto le da un soponcio, aunque antes de entrar en estado de coma llega a encargarlo de la conducción de una casa que se llena de personajes extravagantes y hasta el momento ficticios. Con ellos llega la hermosa Manón, al tiempo que comienzan a desaparecer las pinturas del patrimonio familiar. Hay todavía otras rarezas. El resultado implica un reencuentro con el cine cubano, alejado de pantallas uruguayas desde el estreno (en 1996) de Guantanamera, de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío. Y se trata también de una comedia popular, género característico de Cuba que otras veces ha servido para envolver ciertas anotaciones críticas (Se permuta y Plaff! de Tabío) y que constituye una de las del director Orlando Rojas, nacido en Santa Clara en 1950, estudiante de física, luego crítico cinematográfico y moderador de cine-debates, más tarde asistente de dirección de Sergio Giral, Tomás Gutiérrez Alea y Humberto Solás.
El director Rojas debutó como realizador con el corto documental Día tras día (1977) y saltó al largo en el mismo género con A veces miro mi vida (1981), un entrañable acercamiento a la personalidad del cantante y actor Harry Belafonte. En 1985 fue promovido al cine de ficción y realizó su opera prima Una novia para David, sobre guión de Senel Paz, que pudo ser descrita como «una reflexión acerca de la libertad de elección afectiva, la individualidad y la relación hombre-mujer en el contexto juvenil». Más polémicas generó otro largometraje suyo, Papeles secundarios (1989), una historia ambientada en el universo del teatro cuyos alcances reflexivos se ampliaban hasta otros aspectos de la realidad cubana. En 1995 emprendió el rodaje de Cerrado por reformas, filme de título premonitorio que no llegó a terminarse. Incidentalmente, Rojas y su cine han sido presencias frecuentes en el Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay, donde se dieron a conocer A veces miro mi vida y Una novia para David. *
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