LO MEJOR DEL JAZZ TOUR EN LO QUE VA DEL AÑO

En la senda de los grandes pianistas

Tal como se esperaba, la brillante actuación del trío de Jacky Terrasson colmó las expectativas del público en el concierto del Radisson del pasado lunes 12.

En los ochenta años de historia del jazz, el trío piano-contrabajo-batería se convirtió en una de las combinaciones más populares y con el devenir de los estilos fue evolucionando en las manos de los grandes maestros. Escuchando a Terrasson es fácil recordar sus influencias y percibir las ricas armonizaciones de Bill Evans, las acentuaciones de Bud Powell, la luminosidad melódica de Chick Corea, la intensidad y entrega de Keith Jarrett, el atributo percusivo de McCoy Tyner, el lirismo de Ahmad Jamal.

Terrasson amalgama esas cualidades con un estilo personalísimo, incluyendo giros de la música culta europea («Parisian Thoroughfare»), aires de rumba (en el «Bolero» de Ravel), ritmos de samba («The Dolphin») y toda la gama de recursos que le permiten usar sus diez dedos sobre el ancho total del teclado.

El touch límpido, la articulación perfecta, los contrastes dinámicos y el crescendo de tensiones, la ternura de pasajes líricos («Les chemins de l’amour»), el delicado romanticismo («Sous le ciel de Paris»), la pausa juguetona de «Love For Sale», donde se dio el lujo de silenciar su trío durante cuatro compases, la permanente inclusión en sus improvisaciones de sutiles frases que recordaban a los oyentes cuál era el tema ejecutado, el swing arrollador generado con block chords de ambas manos, el fraseo intenso de su derecha con breves frases repetitivas mientras la izquierda apoyaba con insistentes acordes («Happy Man»), expusieron en el Radisson la evidencia de que, en efecto, nos encontrábamos en presencia de uno de los jazzistas más completos de los últimos años. A propósito, la excelente sonoridad del Yamaha contribuyó a demostrar, una vez más, la superioridad del piano acústico en el jazz frente a sus sucedáneos electrónicos.

Ante la fuerte presencia del director, sus dos colegas actuaron como correctos acompañantes. Eric Harland adecuó su batería a los moods de cada tema, pero en los momentos de mayor ímpetu tapó el sonido del contrabajista Sean Smith, quien resultó más interesante como armonizador que como solista.

En el comienzo actuó el trío uruguayo formado por Luis Alderotti (piano), Popo Romano (contrabajo) y Cachi Bachetta (batería). Interpretaron tres temas de Alderotti dejando muy buena impresión. Ambos tríos hicieron jazz en serio, en una sala que tuvo apenas la mitad de público que hace dos semanas con el Harlem Gospel Choir. Pero ya se sabe que el anuncio de un show espectacular es más atrayente y que el deseo de los espectadores por participar con palmas, pataleos, bailes, cantos y subidas al escenario es mucho mayor, aunque esa diversión circense poco tenga que ver con el espíritu religioso de la música litúrgica gospel y el jazz. El lunes 12 no hubo concesiones al comercialismo fácil y el Jazz Tour justificó su nombre. *

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