Prohibido para nostálgicos

¿Una lustradita?

El frío castiga sin grupo apenas se raja el sol. El viejo escribidor, para entrar en calorcito, se la agarra con el duende de la imprenta. Un bicho hambriento que come frases y palabras. Ese voraz apetito impidió que en la anterior nota apareciera el nombre de Jesusito, un fotógrafo de antaño muy conocido por los goenses de Garibaldi y El Faro. Ya calentito, el que te dije, prende un faso y mete pata por sus barrios del ayer. De paso cañazo y si de cigarros y tamangos se trata qué mejor que recordar aquellos «salones» de lustrado y venta de tabaco.

Por el 40, había uno cada pocas cuadras. Un toldito a rayas y en la vidriera con letras doradas el nombre del salón.

Allá por el viejo Reducto, entre Caridad y Zapicán, nos acercamos al popular «Astros» que pertenecía a los hermanos López baskebolistas de ley.

Ahí, con apenas 15 pirulitos nos ganábamos unos vintenes sacándole brillo al calzado. Es que el lustre era muy requerido y los vecinos rumbeaban para aquellos dos grandes sillones si querían los zapatos relucientes.

Todos en la cuadra cuidaban sus «Fort» o los «Scalone», marcas de populares tamangos.

Ni qué hablar con el auge del charol y de aquellas botas de taquito militar para hacer pinta en el bailongo.

Un pibe con su remendado pantalón con tiradores nos vicha de reojo, sonríe y sigue sentado en su banquito dándole a la gamuza mientras un cliente lee en «La Tribuna Popular» sobre las broncas europeas y la última gira del «Mago».

Entre los habitúes del Astros estaba el canario Iriarte que hacía harina la guinda de cuero. En esos comercios te vendían de todo para «el sensual placer del fumar» como decía la propaganda y hasta la letra de un tangazo. Pipas, pitillos, tabacos, papel de armado y hasta cajitas de fósforos con fotos de chicas desnudísimas. Montevideanos echando humo sin miedo, armaban un «Río Novo», «Toro Blanco», «Haití» y los recién llegados «Cerrito». El chiquilín lustrador, a la sordina, pitaba «Guerrilleros» y «Récord».

Los que tenían guita se daban dique con toscanos como los «Livorno» que al aspirarlo fuerte te daba vuelta los ojos. En esos salones vendían «el naco» con sus hojas fibrosas para masticarlo lentamente como lo hacían los tanos zapateros remendones. En el mostrador se levantaba quiniela hasta para los sorteos de Tucumán y Córdoba que bancaban los clandestinos. Sale un vecino con zapatos brillantes, echa humo y bajo el brazo la última «Cine Radio». Un pibito cuenta con la propina, era un bacán. Los esperamos sábados y domingos, a las 19, en 1419AM LIBRE. *

COORDINACION: – ANGEL LUIS GRENE

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