LA VENEZOLANA SOLEDAD BRAVO GRABO UN DISCO EN HOMENAJE A ALFREDO ZITARROSA

La canciones son para perdurar

Desde la edición de sus primeros discos, esta formidable intérprete  que llegó a cantar en Montevideo ante público masivo en ya lejanos tiempos y en donde el Canto Popular tenía una posición hegemónica dentro del universo musical  abordó repertorios de importantes autores latinoamericanos. Su registro siempre fue asombroso por su elasticidad para colorear texturas altas y bajas. Pero, a la vez, otro de los méritos de Soledad Bravo es haber seleccionado sus diversos repertorios con extremo rigor: La poética de la canción siempre comandó esa voz turgente y cristalina, por momentos avasallante. Del inolvidable Alfredo Zitarrosa, nuestra mayor referencia cancionística, Soledad Bravo  todo un desafío personalísimo  encaró entonces que corresponden a períodos diferentes, pero que en el disco aparecen formalmente como una gran unidad. No es fácil abordar canciones superlativas tales como «El violín de Becho»  canción que abre el disco  o «Pa’l que se va» o la excelente y pegadiza «Milonga de ojos dorados». Seguramente alguien de la estatura de Alfredo Zitarrosa merecía una mayor dedicación en el o los modos arreglísticos, pero no obstante hay una nobleza en la voz de la Bravo que elude todo reparo mayor. Acaso porque Zitarrosa es de esos intérpretes tan personales que son harto difíciles, pues, de versionar (valga el neologismo).

Lo cierto es que Soledad Bravo se manda con toda su autenticidad y el floreo de sus matices vocales, y allí aparecen otras versiones de temas como «Zampa por vos», «A José Artigas», con el cierre de la totémica y siempre deslumbrante «Doña Soledad». Para aproximar la trama de canciones seleccionadas a sus modos interpretativos, a su peculiarísimo fraseo, Soledad Bravo convocó necesariamente a un amplio staff de instrumentistas, con lo que el resultado de la placa Homenaje a Zitarrosa tiene una intencionalidad claramente sinfónica. De todos modos, por allí aparecen o asoman las cuerdas de las guitarras, un copyright para las milongas de la obra de Alfredo , señor y poeta oscuro y utópico, y en el que llega a lucirse parcialmente en las estructuras arreglísticas Dioni Velázquez. Soledad Bravo ha cumplido con uno de sus maestros como lo ha sido, ciertamente, el cantautor uruguayo. Hay dignidad y respeto en este tributo hecho desde el corazón con la alta expresividad que siempre se lo reconoce. *

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