Prohibido para nostálgicos

En blanco y negro

Un fogonazo del magnesio y ya está. Más de sesenta años después es una amarillenta postal que venden por la calle Tristán Narvaja. Historia en blanco y negro de la Vieja Capital. Cuando el oficio del fotógrafo fue muy popular y tuvo imborrables maestros, en cada barrio un señor con su cámara «de cajón» hacía los tradicionales retratos de la familia. Bigotitos, sombreros ranchos de paja y capelinas embellecidos con aquello llamado «el arte del retoque».

El tío vasco de gesto duro y la bobota damisela salían dulces y tiernos.

Por el Cordón, frente al nuevito edificio de la Caja, estaba el Estudio Luminton con la novedad de sus fotos rápidas. Antiguas expedientes del BPS archivados durante décadas, tienen una foto con el típico sello de ese estudio.

En Arroyo Seco, el maestro Valentier sacaba con pinta hasta al más fiero de los vecinos. Un capo en el retoque y nadie notaba si le faltaban piezas en el comedor.

Por la zona del Palacio, donde nace la avenida San Martín, fue muy querido Toja. Subíamos la escalera y aparecía la magia. Una sala con espejos, telones, cortinas de fondo y en un trípode de madera estaba el gran artefacto. Sus fotos aparecen en un viejo álbum familiar que es abierto por «la temblorosa mano de la emoción». El talento fue el sello del gran Silva, en la avenida Rondeau frente a la sastrería de Blanco. Por su lente desfiló la farándula de los radioteatros y luminarias del tango. Silva fue el autor de la foto favorita de Gardel, con el morocho sonriendo canchero. Una imagen que recorrió el mundo y que nunca faltó en los esquineros boliches.

Por la querida Unión, Charmant era muy popular. Estaba a pasitos de la Escuela Sanguinetti y retrató a cientos de pibes en su primer día de clase. Por ese barrio trilló el flaco Patetta que se especializaba en las salas de bailes. Era infaltable en aquellos febreros en el Palacio de la Cerveza y en el Ambassador club, arriba del Vaccaro. Muchas fotos de Julio Sosa y de Alberto Castillo tienen el talento de ese noctámbulo montevideano.

Por el Goes del boliche El Faro, es recordado Marsella. También hacía maravillas capturando la inocencia de almidonadas túnicas del Colegio del Sagrado Corazón. Su arte en los barrios se une al talento de gente como Caruso y Testoni. Imposible concebir el misterio del Zeppelin, al humeante Graff Spee, un gol en Maracaná y la postal de los abuelos, sin el arte de esos maestros y sus historias en blanco y negro.

Los esperamos sábados y domingos a las 19.00 horas en 1410 AM LIBRE. Coordinación: Angel Luis Grene. *

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