José Saramago: "Las democracias del mundo hoy son meras plutocracias"
Durante una conferencia de prensa desarrollada ayer en la sede de la Fundación Bank Boston, que contó con la organización de la editorial Alfaguara del Grupo Editorial Santillana, el Premio Nobel de Literatura 1998 se refirió a la situación imperante en Cuba, al recrudecimiento de los imperialismos, al colonialismo económico y la influencia social y cultural de las denominadas corrientes posmodernistas.
La breve visita de Saramago, que tuvo una segunda instancia en horas de la noche en el Paraninfo de la Universidad de la República, permitió el tardío lanzamiento de su última novela, «El hombre duplicado», que está en las librerías de nuestro país hace ya tres meses. Naturalmente, el tema literario ocupó apenas el último tramo del encuentro con los medios.
En relación a su postura respecto a los recientes acontecimientos acaecidos en Cuba que tanta controversia generaron por su condena a las ejecuciones, el escritor asumió en esta oportunidad una actitud bastante más cautelosa. Al ser interrogado sobre el particular, manifestó que sus expresiones no significan el «retiro de su solidaridad con el pueblo ni la revolución cubana», añadiendo que «no me he distanciado de la revolución cubana, pero tal vez la revolución se distanció de sí misma».
Aunque reconoció que el secuestro «es un crimen», reiteró que no comparte la solución que el gobierno cubano dio a la situación.
La opinión de Saramago mereció severos cuestionamientos de connotados intelectuales, entre ellos el escritor uruguayo Mario Benedetti, quien, en dos notas concedidas a LA REPUBLICA, reafirmó su compromiso con la causa de la revolución cubana, más allá de la situación coyuntural.
Interrogado respecto a la situación de emergencia económica y social que afrontan vastos sectores de la población uruguaya en el contexto de la crisis regional, Saramago admitió no estar informado en profundidad sobre el tema.
Sin embargo, analizó las graves consecuencias de las altas tasas de desocupación y el deterioro de las condiciones de vida de los países en desarrollo. Al respecto, consideró que la situación es muy similar en todo el continente latinoamericano.
Analizando la escena política de la región, el novelista reiteró su convicción de que Carlos Saúl Menem no resultará electo en Argentina. Al respecto fue gráfico en torno al futuro político del ex mandatario: «Si pierde, su carrera política se acabó».
Preguntado en torno a sus críticas al ex presidente Julio María Sanguinetti por no haber colaborado en la búsqueda de la nieta del poeta Juan Gelman, Saramago recordó: «Hubo una carta mía que no le gustó nada a Sanguinetti». Asimismo, se manifestó complacido por el feliz desenlace del episodio.
Trasladándose a otro escenario de la realidad, el Premio Nobel de Literatura consideró que actualmente «no existe un debate serio y maduro de ideas». Añadió, ante una pregunta concreta en torno a la necesidad de promover un cambio alternativo a los actuales modelos, que «no existe revolución posible sin ideas».
En el tramo más sustancioso de su intervención, el escritor criticó severamente la fragilidad de las democracias contemporáneas, afirmando que hoy los destinos de los países están más allá de la mera voluntad de los gobiernos y de la ciudadanía.
A su juicio, el poder real en este conflictivo siglo XXI reside en la economía y las multinacionales. «Los gobiernos son meros comisarios políticos, por lo que no tiene sentido hablar de democracia».
A su juicio, en esas circunstancias, los gobiernos son apenas intermediarios con los grandes centros de poder, lo que minimiza su protagonismo.
En ese contexto, el intelectual limitó la función de los dirigentes políticos a la categoría de operadores y administradores de partidos, en un escenario gobernado por los grupos de interés, el clientelismo, el caciquismo y a menudo la corrupción.
En relación a qué papel debería desempeñar la intelectualidad y la Universidad de la República en la reconstrucción de modelos más justos y solidarios, Saramago afirmó que la Universidad debe promover una formación integral del individuo como ciudadano, que necesariamente debe trascender a su mero adiestramiento académico. Añadió, asimismo, que «se está perdiendo en sentido de ciudadanía».
José Saramago manifestó su profunda convicción de que sólo la presión ciudadana y de las organizaciones sociales logrará revertir la situación de marginamiento que afecta a las mayorías.
A juicio del escritor, aunque «la democracia es el menos malo de los sistemas», como se afirma habitualmente para minimizar el sesgo crítico de los discursos, resulta indispensable apuntar a reconstruir y regenerar la dignidad del hombre, en el marco de un celoso respeto de los derechos humanos.
No obstante, destacó que el problema más crítico reside en que «la autoridad económica funciona hoy en forma vertical».
Finalmente, en relación al papel de la ciencias en los procesos históricos contemporáneos, el novelista afirmó que «el problema es cuando la ciencia se pone al servicio de proyectos contra la vida». *
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