El espléndido regreso de Jakob Dylan
Hay observadores con críticas divididas alrededor de la peripecia del hijo del gran Bob Dylan, Jakob. Desde que golpeó masivamente con su disco Bringing down the horse, junto a su banda The Wallflowers, Jakob Dylan materializó una personalidad de compositor más que insinuante y atractiva.
No digamos innovadora, pero sí al menos retrabajando o reelaborando sus materiales a partir de variaciones de la más noble tradición de la cultura pop y rock.
En su más reciente disco denominado Red letters days, Jakob y los Wallflowers continúan una senda plagada de aciertos. Hay una actitud «letrística» ingeniosa e inteligente, sin presencia de desmesuras adjetivales y apostando a un sistema «escritural» si se quiere directo y hasta por momentos claramente coloquial, que se ve enriquecido por melodías regocijantes y una voz que articula sus matices con verdadera fruición y variedad, según lo requiera el material abordado.
Es que Jakob Dylan es un cantante de primera fila: heredó cierta paleta grave de su padre, pero de igual modo no la hace prevalecer.
Trabaja las intensidades de su registro ya casi con una sapiencia del que sabe cómo va a encarar una inflexión baladística o más concretamente un rocanrol.
Es de esos cantantes que se pegan al oído enseguida: hay carisma, una poética adecuada a los signos de época y una voz que realmente llega a gratos niveles de seducción o de atención en los potenciales receptores.
Escúchese, por ejemplo, la impecable «Everybody out of the water» y se comprobará las dotes del intérprete que se ha superado a sí mismo y que ha alcanzado el dominio de la versatilidad, cosa que no ocurre habitualmente.
En Red letters days prevalecen los teclados y también la cuerdas, especialmente las incisivas apariciones de la guitarra de Mike McCready (Pearl Jam), generando atmósferas diversas con arreglos siempre sensiblemente resueltos y al servicio del desplazamiento de las coloraciones vocales de Jakob, en esta oportunidad menos oscuro que en sus discos anteriores.
El muchacho ha crecido como cantante y como compositor. Hoy puede decirse que se trata de un letrista con aplomo e ingenio y que, además, es una de las voces más atildadas del panorama de la cultura pop. El disco invita a seguir escuchando y escuchando los tracks, acaso porque se redescubre en cada pase. Red letters days es seguramente su mejor movida hasta el momento y para Jakob, pues, el carné de crecimiento y de una carrera musical ya de importancia, sin que la sombra de su padre, Bob, llegue a intimidarlo como seguramente ocurrió en algún momento. No hay ni puede haber comparaciones entre padre e hijo. Cada uno en la suya y en espacialidades bien delimitadas. El padre, el maestro con aura de leyenda viviente (y al que recientemente lo han homenajeado con un compilado de su estación gospel, esto es, una selección de los discos Slow train coming y Saved, con la participación de artistas del género); el hijo, despadrándose valga el neologismo para seguir trazando con este álbum una historia personalísima y altamente recomendable. *
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