HOY SE ESTRENA UN OSO ROJO

Desde Buenos Aires a quemarropa

No ha sido el único reconocimiento que el director de Bolivia (otro filme laureado que todavía no ha conseguido estreno en salas montevideanas) ha logrado a través de su largometraje ya que también recibió: un Premio Especial del Jurado, Premio a la Banda Sonora y Premio Especial para la productora Lita Stantic en el 24° Festival Cinematográfico de La Habana, pero quizás importe más subrayar el trascendente impacto que la película en cuestión ha ocasionado en el público, en todos lados donde ha sido proyectada.

En esencia se trata de un ajuste de cuentas entre el mundo del hampa. Un ex convicto apodado el «Oso» (un excelente Julio Chávez) sale de prisión luego de purgar siete años por homicidio y robo a mano armada y se encuentra con una hija que no lo reconoce, su esposa que ha formado pareja con otra persona y los socios del golpe que planean traicionarlo para quedarse con la parte del botín que le corresponde. Así de simple  si se quiere  es la propuesta que Caetano elabora (junto a la guionista Graciela Speranza) aunque el despojado armazón con que dota dicho relato funciona como una virtud que proyecta a Un oso rojo a la categoría de título para el aplauso.

Es  en definitiva  una de esas películas que impresionan como «redondas», donde nada sobra y cada imagen resulta imprescindible para el correspondiente desarrollo y respectivo desenlace que, en este caso, puede acusar cierto grado de hipérbole al mejor estilo Clint Eastwood. De todas maneras, es un detalle perdonable y  posiblemente  una guiñada cómplice que Caetano se concede dentro de la austeridad de una narración donde hasta los diálogos parecen cortados a hachazos a pesar que dicen lo estrictamente necesario para definir perfiles psicológicos y marcar instancias de amplio contenido dramático.

Al igual que en Piza, birra y faso, el largometraje respira esa atmósfera de una realidad cruda e inquietante (como en los mejores filmes de Abel Ferrara, por ejemplo). Una afirmación que puede fundamentarse a través del atinado pulso con que Caetano define las secuencias violentas (un asalto a mano armada, un tiroteo dentro de un automóvil o una pelea en una cantina de mala muerte) u otros instantes que interpelan al espectador con una digna cuota de piedad y ternura (la escena de la calesita donde la niña observa cómo su padre es cacheado por la Policía) mientras quedan flotando en el aire algunos juicios de valor que hablan de supervivencia, dobles discursos de un sistema o el amor a prueba de fuego que un «duro» exhibe para salvaguardar a su familia. Hay que ver este filme, sin excusas. Es una de las mejores producciones del año.

Un oso rojo. (Argentina, 2002). Dirección: Israel Adrián Caetano.Producción: Lita Stantic. Guión: Israel Adrián Caetano y Graciela Speranza. Fotografía: Jorge Guillermo Behnisch. Música: Diego Grimblat. Edición: Santiago Ricci. Con Julio Chávez, Soledad Villamil, Luis Machin, Enrique Liporace, Agostina Lage y René Lavand. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje