Disfrutando
Hay ciertos enunciados –muchos de ellos empleados adrede por los publicitarios– que resultan polisémicos (un término medio rebuscado, es cierto, pero no me va a negar que queda bárbaro mechado en una conversación), es decir que pueden tener más de un significado o que admiten varias lecturas, como suele decirse ahora.
Pero hay algunos que resultan francamente desconcertantes. Es el caso de este aviso que transcribo parcialmente: «ESTA SEMANA SANTA DISFRUTA SOLO DE LO QUE MAS TE GUSTA».
Al leerlo, pensé inmediatamente en que el hecho de haberse escrito todo en mayúsculas permitía jugar con la palabra solo y el mensaje admitía por tanto dos interpretaciones: con y sin tilde. En la última hipótesis, la única lectura posible es que se invitaba a disfrutar en soledad, algo así como un mensaje destinado a misóginos que sugería «vení a pasarte una semanita vos solo, sin la patrona y los gurises»; la deseché porque la oferta que seguía a continuación incluía juegos para niños y todo un paquete bien familiar que tornaba contradictorio el enunciado del comienzo.
Quedaba pues, la primera alternativa, es decir con tilde, con lo que la sugerencia era «disfrutá solamente de lo que más te gusta». Ahora bien, como este adverbio de modo es esencialmente restrictivo, con ese mensaje se nos insta a descartar como objeto de nuestro disfrute lo que menos nos gusta. Y yo me pregunto: ¿Alguien es capaz de disfrutar de algo que le gusta más o menos? ¿Puede uno disfrutar de algo con lo que no se copa? Entonces, ¿para qué ese adverbio si se podría haber escrito «disfrutá de lo que más te gusta»?
Por poner un ejemplo al azar, si tomo un vaso de coca-cola, jamás se me ocurriría decir que la disfruto; a gatas diré que la tolero. En cambio con otras bebidas la cosa cambia, ¿verdad, Pereira?
–Y sí. Yo, un suponer, disfruto de un buen vaso de tónica…
–No me diga…
–Y sí, después de una libación prolongada, no hay nada mejor para apagar el incendio.
–¡Qué lo parió! *
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