CAZADOR DE SUEÑOS, DE LAWRENCE KASDAN

Una banalización del terror

Lawrence Kasdan es de esos cineastas que, por trayectoria, ha acumulado meritoriamente un prestigio mayor. Es que largometrajes como la sensible Reencuentro o la humanista Grand canyon, lo dispararon como un autor que se desmarcaba de la media hollywoodense. Por la construcción de los personajes, por las historias que fundó con una entonación si se quiere metropolitana o urbana, el también guionista de la saga de Indiana Jones, se volvió un referente dentro de la cultura cinematográfica estadounidense.

Con Cazador de sueños curiosamente Kasdan se obliga a un primer resbalón. Apoyándose en un texto del maestro Stepehn King, construye un relato de terror donde el suspenso y la intensidad dramática, para el género, están prácticamente ausentes. No parece su caligrafía visual ni tampoco su exuberante discursividad cinematográfica. Kasdan al mínimo por viento en esta historia de cuatro amigos que, de pronto, se ven envueltos en una pesadilla con extraterrestres y paramilitares fuera de curso. ¿Es Kasdan? Sí, señor.

El filme es una acumulación de clisés del género gore: Toda la peripecia se vuelve una propia pesadilla para los espectadores, acaso porque se acude a una estética absolutamente visceral y de imágenes shock, aunque no haya demasiada unidad en el fluir del relato.

El cineasta que revivió el western con aquella delicia que vino a ser Silverado. Avanza en el terror como si se tratara de un turista accidental (otro de sus títulos ejemplares, todo un homenaje al minimalismo), y no acierta.

No hay casi historia, aunque sí performances sobrecargadas de tics (Jason Lee, por favor) y climas más artificiales que creíbles. Increíble es lo que ha parido Kasdan, que también tiene derecho a equivocarse. *

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