Balance del XXI Festival de Cine

Aunque todavía están en exhibición las repeticiones de una treintena de títulos de calidad que no volverán a ser vistos en Montevideo y que integraron el XXI Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay (que se cerró el domingo pasado con la lectura de los fallos de diversos jurados), algunas conclusiones parecen pertinentes.

La primera, es que de los 84 largometrajes presentados, 66 no volverán a ser exhibidos en Uruguay. Entre los filmes que carecerán de exhibición local se encuentran algunos de los más estimables:

Caja negra Alemania (Alemania), Madame Satà y Rocha que vuela (ambas de Brasil), Un cangrejo en la cabeza (Canadá), El cuarto de los oficiales (Francia), Hukkle (Hungría), Frescoes (Armenia), El río (Finlandia), Kedma (Israel), El pájaro del viento (Sri Lanka), La virgen de la lujuria (México), Tan blanca como la nieve (Suecia). Y algunos títulos testimoniales de gran calidad: Raymundo y La noche de las cámaras despiertas (Argentina) u Ocultos a la vista de todos (Estados Unidos). Varios de estos filmes fueron también premios de algunos de los jurados y han tenido reconocimiento en festivales de otros países. En ese sentido el Festival siguió siendo la puerta de acceso para el aficionado uruguayo a un cine que no llega normalmente.

Otros títulos presentados, que tampoco tendrán distribución normal y que sin embargo no integran la lista de 66 omitidos en el futuro, serán estrenados en solitario por la Cinemateca: Cómo maté a mi padre (Anne Fontaine, Francia), Una onda en el aire (Helvécio Ratton, Brasil), En compañía de hombres (Neil LaButte, Estados Unidos-Canadá), probablemente Las noches de Constantinopla (Orlando Rojas, Cuba), A flor de piel (Caroline Adler, Gran Bretaña).

Y son filmes a estrenar por los circuitos normales El bonaerense (Pablo Trapero, Argentina), Historias mínimas (Carlos Sorín, Argentina), Ciudad de Dios (Fernando Meirelles, Brasil), Salomé (Saura, España), Antwone Fisher (Denzel Washington, Estados Unidos), La hora 25 (Spike Lee, Estados Unidos), Cabalgando con el diablo (Ang Lee ahora en Estados Unidos), Titus (Julie Taymor, Estados Unidos), Tres estaciones (Tony Bui, Estados Unidos), 11 de setiembre (colectivo, Francia), Piso compartido (Klapisch, Francia), Tiempo de ser felices (Simon Shore, Gran Bretaña), El último contrato (Kjell Sundwall, Suecia).

A lo largo del tiempo el Festival fue la plataforma de difusión entre los aficionados de los Taviani, Wajda, Kieslowski, Zanussi, Tarkovskii, los hermanos Kaurismaki.

Más recientemente por lo menos tres nombres claves del cine moderno: Theo Angelopoulos, Abbas Kiarostami, Aleksander Sokurov. Y jóvenes cineastas argentinos, brasileños, mexicanos. En el XXI Festival quizás debiera incorporarse a esa lista de revelaciones de una muy joven realizadora, Inoka Sathyangani, que desde la cultura musulmana de Sri Lanka, juega con un cuestionamiento de la opresión de la mujer y con la fantasía poética como liberación, en una ópera prima talentosa, en El pájaro del viento.

Y para sumar la presencia del canadiense de Montreal, André Turpin con Un cangrejo en la cabeza, un drama de relaciones humanas con una poesía y un lenguaje cinematográfico estimables. *

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