Las cosas de la vida
Desde el vamos, la película ya respira ese aire de cotidianeidad que será su sello distintivo a lo largo de la proyección. En un primer nivel introductorio de estas vidas superpuestas, el espectador toma nota de la preocupación de un octogenario (el uruguayo Antonio Benedictis) por recuperar su perro perdido, las complicaciones de un viajante para quedar bien con una viuda a la que pretende y el periplo de una mujer que va a participar en un concurso de la TV Cable zonal.
Poco más ofrece la anécdota pero resulta suficiente para que Sorín promueva un entretejido cinematográfico de primera línea, despojado de efectismos y atento a la propia realidad del contexto provinciano que gusta plasmar en todos sus largometrajes.
De esta manera, esa identificación que surge con la platea brota en forma espontánea gracias a la frescura natural de los intérpretes (extraídos de la vida misma, salvo dos actores profesionales) y los breves diálogos por donde asoman esas pinceladas de autenticidad que hacen de Historias mínimas paradójicamente una historia mayor que, además de la distinción del Festival de Cinemateca, viene cosechando premios y elogios en todos lados donde se exhibe.
Filmada durante nueve semanas en Santa Cruz, a partir de un recorrido que incluye Fitz Roy y Puerto San Julián, esta historia de historias toca diversos resortes que hacen a lo emotivo tanto como lo intelectual. En el plano de los afectos, por ejemplo, la platea no tarda demasiado en respetar la humilde dignidad del anciano preocupado por obtener el perdón de su compañero canino o establecer una cómplice simpatía con un vendedor ansioso en quedar bien con una torta de cumpleaños.
Pero es la sutil inteligencia desplegada por el director (y su atento estudio de los estados de la conducta humana), lo que redondea magistralmente la totalidad de la producción. Una realización pensada en definitiva para emocionar en el mejor sentido, sin dejar de lado el costado reflexivo sobre las pequeñas y grandes cosas de la existencia.
Lo mejor de todo es que el director de La película del rey logra estos cometidos sin mayores aspavientos que fotografiar vivencias en estado puro y ofrecerlas, de esta manera, a una platea agradecida. De lo mejor del año. Verdaderamente im-per-di-ble.
Historias mínimas. Dirigida por Carlos Sorín. Guión: Carlos Sorín y Pablo Solarz. Producida por Guacamole Films y Wanda Visión. Asistentes de dirección: Verónica Sputo y Federico Badía. Fotografía: Hugo Colace. Dirección de Arte: Margarita Jusid. Producción ejecutiva: Martín Bardi. Música: Nicolás Sorín. Sonido: Abbate & Díaz. Edición: Mohamed Rajid. Con Antonio Benedictis, Javiera Bravo, Javier Lombardo y Enrique Otranto.
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