"HOGAR DE LOS ARTISTAS IRAQUIES" PIDE A LA ONU AYUDA PARA SEGUIR TRABAJANDO

Los desastres de la guerra

El centro educativo, una especie de facultad universitaria decorada con estatuas que imitan figuras clásicas en un gran jardín, era el lugar de estudio de 3.000 alumnos y el escenario de numerosas obras de teatro y conciertos hasta que los soldados iraquíes la ocuparon en el inicio de la guerra.

A los militares locales, cuyas botas, boinas con el águila del régimen y ropas militares siguen todavía en el jardín, tal y como fueron abandonadas en su precipitada huida, siguieron los ladrones, que terminaron el trabajo, saquearon los locales y les prendieron fuego.

«No queremos que la historia de este crimen termine aquí. Este es un lugar artístico, es la casa de todos los actores y de todos los artistas iraquíes. Suplico a la Unesco que nos ayude a reparar este daño», explica Rashid mientras camina entre las ruinas del lugar.

La sala de cine, el taller de pintura, la sala de instrumentos: todo ha desaparecido y lo poco que los ladrones no pudieron o quisieron llevarse se ha convertido en una masa de ceniza ennegrecida.

«Una pesadilla horrible», resume el director, rodeado de quince profesores que han acudido en vano ayer lunes a trabajar y se marcharon a casa horas después tras comprobar que todo sigue igual.

«No podemos comenzar a dar clase así, sin mesas, sin sillas y sin ningún material… Además, los alumnos no quieren venir a estudiar. Tienen miedo y es cierto que hay otras preocupaciones en los tiempos que corren en Irak», asegura.

Los archivos del centro, con los diplomas y registros de todos los alumnos que pasaron por él en los últimos años también se han reducido a un montón de escombros.

«Sin ellos, nadie podrá probar que se ha graduado en esta escuela en los últimos años. Toda la historia de este centro ha sido reducida a cenizas», lamenta Rashid.

A su lado, Heizem Abderazay Alí, uno de los más famosos actores de televisión y teatro iraquíes contempla las ruinas del lugar.

«Creo en mi país y en los míos y deseo volver a hacer mi trabajo en Bagdad: si es posible en los teatros y si no en las calles», asegura.

La semana próxima el actor pretende estrenar su última pieza de teatro en la capital iraquí en compañía de otros siete colegas. Si no es posible hacerlo en el Teatro Nacional usará el maltrecho jardín de esta escuela.

«Nuestras obras serán más críticas a partir de ahora pero siempre lo fueron, aunque fuera sutilmente. Por ejemplo, en nuestra pieza actual, un alumno pregunta a su maestro qué significa la libertad y el profesor no sabe responder porque nunca ha tenido una experiencia de esta palabra», afirma.

El artista, que ha trabajado en Jordania, Siria o Túnez, subraya las dificultades que ha supuesto ser actor en Irak, donde a la represión se unía la falta de compensaciones económicas interesantes. «Hacía falta realmente mucha vocación y patriotismo para no marcharse», concluye. *

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