La pintura japonesa en video

El ciclo de video «Para comprender la pintura» continúa el próximo fin de semana (sábado y domingo a las 16.30 y 17.45) con la proyección de obras provenientes de los museos de Tokio, Kioto y Atami.

La posición geográfica del Japón estimuló su aislamiento y la no dependencia del continente asiático. El arte japonés comienza en el siglo VI, al mismo tiempo que Japón entra en la historia. Luego de la influencia del arte y la religión china, a través de Corea, la cultura nipona adquirió un perfil propio e inconfundible. La mayor parte de la población del país estuvo amenazada desde siempre por terremotos, tifones, maremotos y el fuego que arrasaron ciudades enteras. A esa inestabilidad geográfica y la falta de piedra sólida para la construcción de edificios, se desarrolló el empleo de la madera y el papel, dividiendo los espacios interiores con mamparas y biombos. El arte todo apostó a lo pequeño, lo efímero, lo sustituible.

Es imposible hacer en una nota introductoria un resumen del arte japonés en sus catorce siglos de existencia que desde la primitiva cultura budista y cortesana, luego feudal, hasta el siglo XVI, seguida de la cultura urbana que culminó en el siglo XIX, posteriormente más occidentalizada, fue dominada por el budismo. El arte fue una extensión de la religión. El intercambio con Europa, muy visible a partir de los impresionistas y el art-nouveau, continuó intensificándose en el siglo XX, con la adopción de la pintura caligráfica de los informalistas, aunque antes los conquistadores portugueses se habían infiltrado con la aparición de los célebres biombos nambam.

Los códigos visuales de la pintura japonesa, como en general la del Extremo Oriente, son diferentes a los códigos visuales occidentales. Así como la escritura caligráfica se realiza (y se lee) de abajo hacia arriba y de derecha a izquierda, la pintura se hace de la misma manera. El planismo de los colores y la ausencia de perspectiva son otros factores que la caracterizan, así como el soporte sobre papel de arroz que se despliega en rollos verticales (kakemono) u horizontales (makemono).

En los acervos existentes en los museos de Tokio (fundado en 1871 para salvaguardar las obras de los templos abandonados y de la aristocracia empobrecida), Kioto y Atami, registrados en el video se pueden observar obras de artistas famosos: Sesshu Tokio (1420-1506), Hasegawa Tohaku (1539-1610), Tawaraya Sotatsu (c.1600-30), Ogata Korin (1661-1716) y Kait Higashiyama (1908-¿?).

Sesshu fue el principal exponente del estilo monocromático a la tinta china. Considerado el mayor pintor japonés de todos los tiempos, estudió con maestros locales y también fue en busca de maestros chinos entre 1467 y 1469, aunque no los encontró. En Paisajes de otoño e invierno, despliega un extraordinario poderío del dibujo caligráfico, donde la naturaleza y los animales son apenas insinuados en su representación por la economía del trazo y la sugestión espacial hasta trasmitir la potencia de las ideas. Tohaku fue fundador de la Escuela Hasegawa. y siguió los lineamientos de la escuela de Sesshu, además de tener acceso a las pinturas chinas de la dinastía Sung y a las obras de los maestros zen. En Pinos y pastos de otoño utiliza pigmentos diferentes y oro (en lámina y en polvo) para recrear, una estación del año (un tema recurrente del arte oriental), con sutileza y sensibilidad exquisitas. Fue famoso por sus decoraciones murales y biombos decorados. El video intercala un pintor del siglo XX, Higashiyama. En El camino, fechado en 1950, consigue una insuperable síntesis minimalista en las zonas de color (casi limitada a tres fundamentales) que lo acercan a la pintura abstracta occidental, lo cual no es extraño ya que estudió en Berlín y empezó a pintar después de la Segunda Guerra Mundial, aunque los especialistas de su país lo ubican dentro del estilo neotradicionalista.

En el Baile Bugaku, Sotatsu despliega en dos biombos de dos paneles cada uno, una elegante libertad en la composición y una energía expresiva de singulares resonancias en el espectador. Por último, Korin, hijo de un rico diseñador textil, se basó en el decorativismo de Sotatsu, diseñó kimonos y abanicos, y en Ciruelo de flores rojas y blancas dispuso de un encantador recurso compositivo para cubrir la superficie de dos biombos realizados en 1710. *

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