CIUDAD DE DIOS

El infierno tan temido

Es otro de esos largometrajes que no puede catalogarse de «agradable». Filmado con la rudeza propia del ámbito que plasma, Ciudad de Dios supone un auténtico descenso a círculos infernales tan cercanos como temidos. En un planteo de paráfrasis, la historia relata las diversas biografías de estos seres desposeídos que hacen del crimen organizado una legítima alternativa de supervivencia. Basado en hechos reales (algunos realmente increíbles pero netamente comprobables cuando va finalizando la proyección, junto a los créditos), la película ofrece  con singular rigor  un muestrario de violencias espiraladas donde una vida apenas cuesta la bala que detona el percutor.

En este planteo de corte casi documental (con muchos «actores» no profesionales del mismo contexto), dotado de una crudeza que golpea por la verosímil pertinencia del universo que retrata, es que Meirelles logra un impacto trascendente y removedor. Sin embargo, el carácter despojado de esta filmografía no inhibe al realizador de aportar un más que atendible tratamiento de cámara fusionado  a su vez  con cierto manejo transgresor de los tiempos narrativos, que dota a la película de una dimensión artística con carácter de obra mayor.

Lamentablemente, el filme en cuestión no inventa su anecdotario sino que ficciona diversos sucesos de crónica roja a través de un periplo que traza siniestros derroteros de sicarios, narcos, drogadictos y niños asesinos jugados a la ley de la jungla, al derecho del más fuerte y a la violencia como única estrategia. No hay retorno  salvo atípicas excepciones  en este territorio de guerra y, en este sentido, Meirelles redondea un verdadero llamado de atención dirigido al intelecto y los resortes sentimentales de cada espectador.

En realidad no hay cómo salir indemne de esta experiencia. Es que la precisión con que el cineasta dibuja este laberinto de injusticias, corrupciones y crímenes bestiales  donde culpables e inocentes pagan por igual  es de una contundencia aplastante. Para aquellos cinéfilos que busquen una propuesta diferente y valiosa, el desafío supone atreverse ingresar a esta «ciudad» maldita con más de un millón de historias. Cabe advertir que nadie saldrá de la sala igual que como entró.

Cidade de Deus. Dirigida por Fernando Meirelle. Guión: Braulio Mantovani. Producción: Andrea Barata y Mauricio Andrade Ramos. Director de arte: Tudé Peake.

Editor: Daniel Rezende. Con Matheus Nachtergaele, Seu Jorge, Alexandre Rodrigues, Leandro Firmino da Hora, Phelipe Haagensen, Douglas Silva y Roberta Rodríguez. *

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