Las insoportables levedades de algunas vidas
No ha sido por cierto la única distinción que recibió esta realización dirigida por Aldo Garay ya que, en su momento, también obtuvo otro reconocimiento en el Concurso de la OCIC para posproducción de América Latina y el Caribe. Por el lado de su desarrollo dramático conviene anticipar que la anécdota es mínima ya que presenta las anodinas existencias y sordamente cruzadas entre una madre enferma (Elena Zuasti) que se encuentra postrada en su lecho, su hija (Verónica Perrota) y un vecino (Walter Reyno).
Para registrar lo que se dice (o se sugiere), la cámara de Garay repasa rostros, contextos o pequeñas incidencias con una prolija morosidad que no se aviene a los ritmos videocliperos del actual mercado hollywoodense. En este tránsito mesurado, La espera hace honor a su nombre pero también mantiene una correcta sintaxis cinematográfica que demuestra el prudencial oficio del cineasta, más allá de algunas probables obviedades que apuntan al desenlace.
Pero resultaría injusto restarle mérito a la plasmación fílmica que el responsable de los documentales Yo, la más tremenda, Bichuchi y Mi gringa, retrato inconcluso logra sobre esta novela de Henry Trujillo. Quizá resulte algo complejo intentar comparaciones entre texto y filme porque el guión de Sebastián Bednarik y Coral Godoy condensa y sintetiza una obra que, ya de por sí, resulta bastante «negra». Sin embargo, ese clima de claustrofobia que surge de la lectura permanece intacto en la versión cinematográfica logrando una narración que se desliza sin mayores prisas pero con algunas pausas a través de un universo minimalista y decadente.
«En esta producción no hay un mensaje ni nada explícito, porque mientras el tiempo transcurre, todo se va desarrollando en una aparente tranquilidad», señaló tiempo atrás a El País de Madrid el director Aldo Garay. Esta tranquilidad, sin embargo, oculta implosiones encorsetadas en un recato muy reconocible; esa «sensibilidad uruguaya» (de la que habla Barrán) que ahoga frustraciones y angustias en alguna protesta bastante domesticada.
Cabe señalar que para lograr este entrelineado sugerente, se contó con un ajustado trabajo actoral (que recibió el asesoramiento de Sebastián Bednarik) en el que se destaca el meritorio trabajo de Verónica Perrota y Elena Zuasti en un inefable duelo de intensidades sofocadas. Frente a las diversas expresiones audiovisuales que todavía dan cuenta de puntuales inexperiencias frente a la cámara, esta labor protagónica se acomoda muy bien a las exigencias del caso para pautar esos sentimientos encontrados que hablan del deseo, las soledades y otros miedos.
En resumen, La espera a juicio de quien suscribe puede integrarse dignamente a una producción nacional que importa y busca su espacio en la pantalla grande. Quizás el gran público (a nivel local) esté aguardando otra puesta en escena más «ruidosa» pero el largometraje explota precisamente esos silencios significantes en medio de diálogos que apenas traducen lo imprescindible. Vale la pena apoyar esta propuesta. *
LA ESPERA. Director: Aldo Garay. Producida por José Pedro Charlo. Guión: Sebastián Bednarik y Coral Godoy. Fotografía: Diego Varela. Música: Carlos Da Silveira. Edición: Jorge García. Sonido: Alvaro Mechoso. Arte: Paulina Villalba. Producción ejecutiva: José Pedro Charlo y Coral Godoy. Elenco: Elena Zuasti, Verónica Perrota, Roberto Suárez y Walter Reyno. *
Compartí tu opinión con toda la comunidad