Contra "la dictadura del video y la instalación"
Me están amordazando», declaró Botero en una entrevista a la AFP durante la cual no escondió su adversión por el arte contemporáneo y por lo que llamó «la dictadura del video y la instalación».
La muestra sobre «Botero en Venecia», abierta al público el domingo y repartida entre el Palacio Ducal (25 pinturas) y los encantadores «campos» (plazas) venecianos, en donde fueron instaladas 20 esculturas de bronce, ha despertado fuertes polémicas, sobre todo después de que la entidad veneciana encargada de la bienal exigiera el retiro de las esculturas.
«Me están amordazando quitándome las esculturas. Afortunadamente los cuadros van a estar aquí en el Palacio Ducal hasta fines de julio y las esculturas van a estar en las calles y en los canales de Venecia por dos meses. Pero me hubiera encantado, como me lo habían propuesto originalmente, de que estuvieran hasta fines de julio», comentó.
«Yo estaba invitado a tener mis esculturas en Venecia hasta finales de julio. La Bienal, que es una entidad muy importante aquí, pidió que se quitaran las esculturas antes de que se inaugurara la edición de este año (el 15 de junio). Yo entiendo, porque la competencia era demasiado grande. Ellos están en un rincón perdido de Venecia, en los Jardines, y yo en pleno centro. Les iba a hacer la sombra total», aseguró con tono irónico. Para el artista «antioqueño», nacido en Medellín en 1932, apasionado defensor de la pintura clásica, a la que fue conociendo cuando pasó por la Academia de San Fernando de Madrid y luego por la de San Marcos de Florencia, el pedido de la Bienal es sintomático. «Es que hay dos puntos de vista en el arte, es decir, el mío, que cree que el arte vive ligado a una tradición y otro movimiento que sencilllamente se olvidó de que hubieron cinco mil años antes de arte y que está haciendo cosas que encuentro sinceramente ridículas», sostiene el artista. «Es que este movimiento del video y la instalación se ha vuelto la dictadura del video y la instalación. Es como en los Estados totalitarios que no dejan hablar a la oposición. En el fondo me están amordazando, no permitiéndome exponer», clama. «Deberían mostrar los dos puntos de vista y que el público y la historia decidan quién tenía la razón», propuso el artista.
La colocación de las voluminosas esculturas, que empezó a realizar desde 1975, instaladas en lugares como en Campo San Esteban, y La Academia, en donde se encuentra uno de los principales museos de la ciudad, ha suscitado protestas también de algunos medios locales, porque impiden admirar la perspectiva de los antiguos palacios góticos.
El gigantesco hombre desnudo con su pequeño órgano, la mujer desnuda que fuma en Campo Moisés, la esfinge y el gato gordo, de todos modos parecen no molestar al gran público, sobre todo de jóvenes y turistas, que las acarician y hasta las trepan además de hacer comentarios divertidos.
Botero por su parte no parece dar mayor importancia a los expertos que no gustan de sus obras y que han llegado a acusarlo de repetirse continuamente, desde que empezó a exponer en 1951 en Bogotá sus dibujos y lienzos de monjas, burdeles, bodegones, casas sencillas, prelados, y militares con su realismo mágico. «Tengo convicciones tan profundas que ninguna de esas críticas me mueven. Yo sigo tan campante porque sé lo que estoy haciendo. Cada vez tengo más aceptación en todas partes», aseguró el artista, que ha realizado más de 50 muestras en museos y le han dedicado cerca de 40 libros a su persona. «Todos los artistas que han contado en la historia del arte han hecho siempre la misma obra. Después de que Picasso hizo esos cambios como de acróbata de estilo cada seis meses, los críticos piensan que todos los artistas deben hacer igual. Pero no es así. Un Boticelli es un Boticelli, un Caravaggio un Caravaggio, un Ingres un Ingres», sostiene. *
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