DANCE AND DENSE DENSO, DE MOLOTOV

El impacto de la disidencia

Molotov vuelve a pura furia y con poética directa y disidente. Su disco Dance And Dense Denso es, acaso, su mejor trabajo discográfico hasta la fecha.

Los mexicanos de Molotov, desde el vamos, alcanzaron el podio: su compacto ¿Dónde jugarán las niñas? (1997) y pudieron, más tarde, proseguir en la cresta de la ola con la edición del magistral simple «El carnal de las estrellas» -donde mordazmente describían el modus operandi de la televisión azteca- aunque después obtuviesen críticas más que divididas con Apocalypshit (1999).

Ahora han vuelto a sus fuentes, a sus raíces. Convocaron otra vez al excelente músico y productor argentino Gustavo Santaolalla (el legendario ex miembro de Arco Iris) y fundaron once canciones con una tonalidad disidente y en consecuencia corrosiva.

Dance And Dense Denso, su nuevo disco, habilita una mayor destreza melódica que en sus anteriores incursiones discográficas y con la electricidad roquera como patrón estilístico, los mexicanos proponen un frenesí guitarrístico de alto impacto e intensidad.

Desde allí, se lanzan a la búsqueda de estilos musicales tan diversos como el hip hop, el metal, la electrónica minimalista e, incluso, se enrollan notablemente en los sonidos típicos de su país para desplegar el tremendo tema que viene a ser «Frijolero», que plantea desde su inflamado texto un ataque frontal a los estadounidenses por su política exterior y su maltrato a los latinos, más concretamente a los mexicanos.

Disco de arengas, Dance and dense denso funciona por su gama de tensiones.

Porque a los incesantes ritmos que encajan sobre todo con un público adolescente, los materiales contienen ideas revulsivas, coraje en su discursividad y cierta experimentación sónica que ayudan a valorar el trabajo del cuarteto. Molotov ha vuelto a explotar, y vaya si merece escucharse. *

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