El próximo agente será el mejor
RAUL FORLAN LAMARQUE
La proposición esencial de El discípulo (The recruit), de Roger Donaldson, es adentrarse en el modus operandi de la CIA, y el severo entrenamiento a que se ven sujetos aquellos aspirantes a agentes. El cineasta, pues, plantea una posición distinta a la de Sin salida (No way out), en la que colisionaban conflictos netamente políticos y de espionaje.
La historia se focaliza en uno de los centros de entrenamientos de la CIA en el que hombres y mujeres puntualmente seleccionados se esmerarán a niveles superlativos para formar parte de la elite. Así, la anécdota de El discípulo arranca cuando Walter Burke (Al Pacino), un veterano de la CIA, encuentra a James Clayton (Colin Farrell) trabajando en la barra de un bar, a pesar de ser uno de los mejores especialistas en informática, y con un talento nato para transformarse en un gran espía como lo ha sido su padre. Al principio el personaje de Farrell se niega a la propuesta, pero luego aceptará el desafío de ser un agente secreto. Pero el conflicto asoma cuando James Clayton traba relación con Layla (Bridget Moynahan), una bella partenaire en la que sus deseos personales y sus pasiones se entrecruzarán insistentemente.
El filme funciona a medias y un tono menor con el esfuerzo interpretativo del trío antedicho. Una vez que el relato alcanza a desplegar todo su arsenal verbal y dramático apoyándose en aquello de las apariencia engañan, viejo lugar común, las buenas intenciones del inicio del metraje se irán desdibujando por la fragilidad de un libreto sin brillo. Por lo tanto, secuencias que pretenden tener una fuerte componente de suspenso, se vuelven previsibles para el espectador atento. Todo prácticamente se desarrolla intramuros: todas las pruebas por las que deben pasar los aspirantes a la elite de la CIA, muchas de ellas con un estructura realmente perversa. Y solamente los más aptos sobrevivirán a semejante esfuerzo psicológico y físico. Hay, sí, una utilización espléndida de un montaje vertiginoso para las escenas de alta intensidad.
Una se queda con la sensación de que, al menos, Donaldson logra describir en detalle el cómo de un futuro agente secreto. Y poco más, entre manipulaciones varias y fogonazos amorosos y aporte interpretativo del irlandñés Colin Farrell y un Al Pacino que construye su personaje sin mayores exigencias.
aUn agente de la CIA en acción
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