La lengua no es de trapo

El acecho y la asechanza

Hace unos días, un cable de ANSA aludía al llamado de paz del Papa en el que hablaba de «un anuncio consolador en un momento en el que dolorosos enfrentamientos armados asechan la esperanza de la humanidad en un futuro mejor».

¿Está bien o está mal escrito el verbo? Porque existen los dos, con ce y con ese, y siempre que aparece se presta a confusiones.

Veamos. Escrito con ce, el verbo acechar (cuyo origen contiene el concepto de persecución) significa «observar, aguardar cautelosamente con algún propósito». El sustantivo correspondiente es acecho que, además de designar obviamente la acción de acechar, es el lugar desde donde se acecha algo o a alguien; este sustantivo se usa sobre todo en la locución adverbial al acecho que significa «observando y mirando a escondidas y con cuidado».

Con su otra grafía, con ese, el verbo asechar significa «poner o armar asechanzas«, y con este último vocablo aludimos a todo «engaño o artificio para hacer daño a otro», es decir, una trampa, algo que pone en peligro a alguien.

En definitiva, como puede advertirse, se trata de dos verbos que sólo se diferencian por una consonante (que para los hispanoamericanos suena igual al oído) y que tienen significados bastante parecidos, por lo cual la confusión es explicable.

Parece claro, de todos modos, que en el llamamiento papal citado al comienzo no corresponde otro verbo que el que figura, es decir asechar con ese, puesto que ¿qué sentido tendría que el Pontífice hubiera querido expresar  de haberse escrito con ce  que «dolorosos enfrentamientos armados observan o aguardan cautelosamente la esperanza de la humanidad en un futuro mejor»? Obviamente, lo que se quiso expresar es que esos enfrentamientos ponen artificios que dañan la esperanza de la humanidad.

Ahora bien, en estos tiempos de guerra, puede decirse, por ejemplo, que guerrilleros iraquíes acechan y asechan a las tropas invasoras puesto que las vigilan para hacerlas caer en una emboscada.

 Yo estoy acechando la botella para evitar que usté me aseche la vuelta que le toca.

 Â¡Qué lo parió!

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