Mi gran casamiento hindú
Por aquí también hay por ejemplo una hija casamentera en edad de merecer, aunque no sea la protagonista del relato, en medio de una fauna exótica (para los ojos occidentales, claro está) que llena la pantalla de gritos, música y danzas en plena celebración vital. Esa familia ruidosa como los griegos de la comedia tiene sus ritos y costumbres, entre los que se estila el casamiento digitado por convenio y la celebración de una boda pocos días después que se conozcan los novios.
De esto se trata obviamente esta realización de Mira Nair, cineasta que luego de concebir varios documentales, abordó el largometraje obteniendo, desde su ópera prima Salaan Bombay un resonante éxito que la catapultó a la fama internacional. Aquí, con La boda, hay un reconocimiento tácito a los resortes que hacen a la comedia estadounidense con sus convenciones, clisés y el clásico «happy end». (Por algo a Bombay también la llaman Bollywood debido a la producción de unos seiscientos filmes al año). Pero dicho «homenaje» experimenta un legítimo proceso de contextualización que hace de la película una experiencia regocijante.
Como en todo producto melodramático, Nair articula una historia con su correspondiente nudo crítico (la novia enamorada de un hombre casado), un par de historias paralelas (el organizador de eventos y la bella criada, entre otras), un desarrollo bastante movido (con las idas y venidas de invitados, la familia del novio y la llegada de algunos parientes que pueden guardar secretos inconfesables) y un desenlace donde todas las piezas vuelven a reunirse armoniosamente en medio de una banda sonora que constituyen un disfrute aparte, como sucede en algunos filmes de Kusturica.
Filmada a velocidad crucero, La boda, en definitiva recoge un suculento anecdotario de pasiones perfectamente reconocibles. Sin armar una postal turística de la India, Nair se las ingenia para ofrecer un mundo folclórico identificable en su esencia humana, a pesar de otros códigos sociales ajenos a nuestro estilo de vida. (Curiosamente, no es la primera vez que este cronista ha creído descubrir muchas cosas en común a pesar de distantes y polarizados orígenes creativos; como si la propia virtud señalada por Tolstoi acerca de «pintar la aldea» con talento, lograra verdaderamente ilustrarnos sobre el mundo en su conjunto.)
Una proeza que, con un trazo levemente ligth, el filme logra (sin mayores pretensiones que la sonrisa del público) a la vez que alza un discreto canto de amor a la ciudad de Nueva Delhi y su pueblo en medio de una historia simpática y divertida. La platea sabrá apreciar esta humilde pero efectiva propuesta. Merece verse.
La boda. Dirigida Por Mira Nair. Guión: Sabrina Dhawan. Producción: Caroline Baron. Fotografía: Declan Quiinn. Dirección artística: Stephanie Caroll. Música: Mychael Danna. Con Naseerudin Shah, Vijay Raaz, Tilotama Shome y Vasundhara Das. *
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