COMIENZA HOY EN HBO UN NUEVO CICLO DE LA SERIE OZ

La sordidez del ambiente carcelario

Es deliberadamente sofocante y claustrofóbica. Es, en rigor, una ciudad dentro de una ciudad con un mecanismo de cajas chinas: un presidio de máxima seguridad con su sistema de leyes privadísimas y sus historias siempre barnizadas por una suerte de unidad de contrarios entre los efectos demoledores de la violencia y sus agentes solidarios.

En la serie de Oz, cuya nueva temporada se inicia hoy prácticamente a la medianoche por la señal de HBO, hay una suerte de vale todo entre las tribus de hispanos, estadounidenses blancos y negros, skinheads y gays y en donde aparece claramente una batalla interna por la supervivencia y por obtener una posición hegemónica dentro de un universo marcado por la fricción verbal y física y por la intensidad narrativa, a la vez que reflexiva.

En definitiva, la propia acción de los personaje o criaturas que generan los conflictos, con sus despliegues, son los que promueven la reflexionan de cara a los espectadores.

Lo cierto es que Oz es todo un acontecimiento: puede decirse que el cineasta Barry Levinson, ahora en fase de productor, construyó una geografía en circuito cerrado para delatar diferentes comportamientos y hacer de ellos, de sus diferentes emanaciones, todo un ensayo acerca de la condición humana.

Oz es quirúrgica y propone, casi en forma permanente, una estética de choque con su secuencia de imágenes de golpe, sus imágenes deliberadamente viscerales.

Raramente se acude al humor para descontracturar las acciones dramáticas de los diversos relatos y, así, una cruda realidad barniza a la familia tremenda de Oz. Todo es acción, transas entre las tribus y asimismo entre los guardianes de un lugar fuertemente custodiado.

Oz es, tal vez, la serie más riesgosa en términos formales y de contenido que ha parido últimamente la televisión estadounidense.

Desgarradora, con guiones filosos e inteligentes, una fotografía espléndida y casi sobrenatural que paradójicamente la hace hiperrealista, la serie es una invitación a la meditación sobre nosotros mismos en situaciones límite.

El mundo de Oz, aquí, no es mágico sino conmocionante. Debe verse. *

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