EN LA OSCURIDAD DE LA NOCHE

Nadie apagaba las lámparas

En realidad, esta propuesta en particular no presenta mayores novedades y se atiene al estilo efectista que conjuga apariciones fuera de cuadro acompañadas de electrizantes golpes en la banda sonora. (Una fórmula que  prácticamente  funciona por acto reflejo y hace saltar de la butaca a más de un espectador distraído).

La idea central juega con esos miedos infantiles poblados de brujas y ogros siniestros que rondan la noche en busca de víctimas. En este caso, En la oscuridad de la noche construye una historia sobre la maldición que lanza una mujer antes de morir, acusada injustamente de haber ultimado a dos niños. En resumen, según la fábula, esta siniestra bruja noctámbula retorna desde hace ciento cincuenta años, para saciar su sed de venganza entre los hijos descendientes de aquellos pobladores y sólo la luz encendida logra ahuyentarla de los vulnerables hogares. Con esta básica línea guionística, el director J. Liebesman arma un periplo de sustos al por mayor aunque sin el correspondiente pulido dramático que hubiese necesitado una historieta tan rústica.

De esta manera, este universo inquietante se diluye en apariciones fantasmagóricas de golpe y porrazo que, a la larga, terminan fatigando a una platea degustadora de pop acaramelado. No hay aquí un pulso directriz que logre remontarse al vuelo de El sexto sentido o, tan siquiera, La llamada (otra leyenda urbana de procedencia nipona). Liebesman que, según sus declaraciones, quiso «jugar derecho» a la hora de confeccionar el largometraje, quizás haya malinterpretado el respeto de las reglas elementales del género con un esquematismo bastante primitivo. Es así, entonces, que En la oscuridad de la noche se queda al pie de sus pretensiones, sin avanzar muchos pasos. Al padecer la película, algún espectador veterano podrá recordar, con una melancólica sonrisa, las leyendas criollas del «hombre de la bolsa» (también conocido en las zonas fronterizas de México como «Sacoman») o rememorar algún cuento provinciano sobre viejas brujas que secuestraban chicos en el bosque. Sin embargo, más allá de recordar estos temores de la primera infancia, el largometraje en cuestión sólo sirve para cortar el hipo. En fin. *

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