SE CUMPLIERON CIEN AÑOS DEL NACIMIENTO DE LS GARINI

Un ave rara de nuestras letras

El lunes se cumplieron cien años del nacimiento en Mercedes de Héctor Manuel Urdangarín Zarauz (1903-1983), para el mundo literario LS Garini. Un autor de culto para los asiduos a la literatura que pasó casi toda su existencia escribiendo y reescribiendo mucho, publicando apenas, cuando casi se lo exigían sus amigos, tramando un mundo narrativo por momentos críptico, pero que refleja una visión del mundo y de la sociedad donde todo sucede regido por mecanismos absurdos, incomprensibles, pero que en gran medida no son más que el reflejo de esas contradicciones que rigen la condición humana.

En los primeros años de la década de los 60 aparece en Montevideo un delgado libro de cuentos Una forma de la desventura (Editorial Alfa, 1963) de un perfecto desconocido, LS Garini. Ese libro desconcertó a la crítica por los enigmas dejados. Por lo que no decía de su autor, y fundamentalmente por esa visión de los pequeños mundos reflejados donde las cosas y los individuos parecen cumplir con los designios de un titiritero, a veces torpe, o poco convencido. Donde los objetos y los animales se ciñen a estos esquemas, reduciéndose a ser simplemente «un ave», «un objeto», o «una cosa», encajonados en una narración por momentos opresiva, plagada de comillas y etcéteras. Allí los personajes aparecen sin nombre, limitados a su condición social: el «señor», «la prostituta», «el mozo», «el ladrón», «la dueña de la pensión», el «jovenzuelo», o aún más, el «ex hombre»

Arturo Sergio Visca opinaba «no se trata de seres que viven su soledad, sino de seres que son excluidos del medio  de cualquier medio que sea  por los demás». El escritor Julio Ricci (su amigo, admirador y quien casi lo obligó a que continuara publicando) opinaba que «ha sido considerado un raro de nuestras letras, tal vez porque se atrevió a calar demasiado hondo en el alma de los hombres. Hacer esto es riesgoso. No se perdona», mientras que a Mario Benedetti le disgusta ese mundo entre comillas.

«Acaso Garini utilice la carga peyorativa de las comillas para dar a entender que es apenas una parodia de realidad la que adviene a sus cuentos, expresa Benedetti, pero también puede ser que, al poner virtualmente al mundo entre comillas, quiera simplemente llamar la atención sobre su condición subsidiaria, sometida, lamentable parodia de algo que no existe». Más allá de estas visiones, despreocupado de quienes lo criticaban, y más despreocupado de quienes lo veneraban, LS Garini siguió escribiendo, y viviendo en diferentes zonas de las afueras de Montevideo. En 1966 publicó otro delgado libro de cuentos, Equilibros, en el mismo año que Angel Rama incluyó uno de sus textos en la antología Cien años de raros. Por esos delgados libros los lectores pudieron saber que había realizado dos viajes a Europa, París y Francia, donde «no tuve contactos literarios con nadie», como lo repetiría en un reportaje que le realizó Enrique Estrázulas en 1977. «Yo trataba únicamente franceses que estaban completamente alejados del problema  agregó Garini ; ya había fracasado en casi todo. Menos en mi tenacidad por leer y escribir. Vivía simplemente, de una herencia».

En algo que fue una constante en su vida, leer, escribir, y reescribir hasta los límites de la esquizofrenia, viviendo como el «señorito» que nunca dejó de ser, que, si bien deteriorado cuando el dinero de la herencia comenzó a escasear, mantuvo esa postura de dandy criollo, entrajado y con su vaso de whisky en la mano; viendo sin comprender muchas veces a ese mundo absurdo que le tocó vivir. *

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