EL ESCRITOR Y PERIODISTA FERNADO BUTAZZONI EXPLICA SU POSTURA EN LA POLEMICA GENERADA POR "EL PREMIO ONETTI"

El rechazo no es sólo por Sanguinetti, sino por la España que agrede a Irak

Tras la publicación realizada el domingo pasado de una carta firmada por un importante grupo de escritores, en la cual manifestaban su solidaridad con los jurados que habían renunciado a participar en el «Premio Onetti», convocado por la embajada de España en Uruguay, en rechazo al nombramiento del ex presidente Sanguinetti como miembro del jurado.

Butazzoni, quien se negó a firmar dicha carta, explica aquí los motivos de su postura. Seguidamente reproducimos el texto íntegro de su exposicion. He aquí su texto:

«No he firmado la carta que muchos escritores uruguayos y de otros países hicieron pública el viernes, pese a que me hicieron llegar a tiempo dicho texto. Como mi negativa ha generado algún comentario malintencionado, me gustaría explicar las razones de la misma.

Me parece triste que en esa carta no se mencione un hecho fundamental: España, cuya embajada en Montevideo organiza el «Premio Onetti», es una de las tres potencias del eje agresor en la actual guerra contra Irak. Me resulta inaceptable participar de alguna manera en actividades culturales financiadas por los mismos gobiernos que gastan miles de millones de dólares en arrasar un país entero. El 19 de marzo, fecha del amargo cóctel en la embajada de España para presentar el Premio Onetti, ya se había producido la cumbre de las Azores, en la cual las potencias del Eje le habían puesto día y hora a la invasión. Nadie puede aducir desinformación al respecto.

Considero que debe incrementarse la relación y la amistad con España, con sus intelectuales y artistas, con su pueblo y con sus instituciones culturales, pero no creo que sea digno en este momento formar parte de iniciativas gubernamentales españolas mientras dura esta salvaje agresión. Me pregunto qué hubiera pasado si el jurado nombrado para el Premio Onetti hubiese sido «idóneo». ¿Los escritores uruguayos estaríamos brindando en la embajada de España en Montevideo, mientras millones de españoles se manifestaban en Madrid, Barcelona y otras ciudades repudiando a su gobierno por convertirse en un pelele beligerante al servicio de Bush y Blair? ¿Participaríamos de un «ágape cordial» mientras ya estaban activadas las bombas que iban a matar cientos o acaso miles de inocentes?

Creo que es correcto rechazar las impertinencias de un pro cónsul empresarial de escasas luces, y así se ha hecho. Me solidarizo con los escritores renunciantes, y sobre todo con los que iban a concursar y han perdido la oportunidad de hacerlo. Creo también que es correcto reclamar una y otra vez, donde sea, para conocer la verdad sobre los desaparecidos. Yo lo he hecho reiteradamente.

Pero creo que es imperdonable eludir una mención siquiera a la participación del gobierno de España en esta inmuda repartija, realizada como todos sabemos con la más amplia repulsa internacional.

Hay momentos en la historia que reclaman de cada uno algo, por poquito que sea. El fascismo imperialista de nuevo cuño que hoy asoma el pescuezo en el mundo exige la reflexión mesurada y profunda de los intelectuales. Pensar que la invasión a Irak tiene como objetivo «liberar a los iraquíes del terrorismo» es un pecado de ingenuidad similar al que cometieron los que creyeron, en 1938, que Adolf Hitler se tranquilizaría con el reparto de Checoslovaquia. Pensar que es de «poca educación» decir que España forma parte del Eje invasor es otra inocentada. El mínimo común de los escritores uruguayos no puede pasar por soslayar la barbarie actual.

Las aves de rapiña que hoy se abaten sobre Irak tienen alas poderosas.

Ya conocemos su sombra. ¿Qué seguirá después? Según declaraciones de figuras relevantes de EEUU, la lista es nutrida: El Irán de los imanes, la retrógrada Corea del Norte, la Cuba antidemocrática de Castro, la Colombia que envenena con cocaína los cerebros de los estadounidenses, la Triple Frontera infestada de terroristas islámicos, la Venezuela atormentada por el irresponsable de Hugo Chávez… Me pregunto si son disparatadas esas hipótesis. Me pregunto si hoy alguien puede dormir tranquilo en el mundo.

Ante esta enormidad, no resulta apropiado esquivar el tema en una declaración pública, en un momento crucial para la democracia y la libertad.

Por eso no firmé la carta y así se lo hice saber a quienes me lo solicitaron. Sé que muchos de los firmantes de la carta opinan más o menos igual que yo, pero sé que otros piensan diferente, pues ellos creen que la guerra actual es un «hecho puntual y no vinculado a este asunto».

A esos colegas quiero pedirles que reflexionen. ¿No será hora de «aprender la lección de la higuera» y reconocer las señales de este tiempo?

No a la guerra. Sí a la paz.» *

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