RECORDANDO A "LOS PATOS CABREROS" DE 1953

"Con satisfacción lograda", cincuenta años después

Bajo la batuta del popular “Pepino”, los espectadores que se repartían entre aquellos tablados esquineros, levantados a pura colecta y sostenidos a infinidad de rifas, oían cantar: “Buenos noches auditorio/ con satisfacción lograda/ ya se marchan los patitos/ a alegrar otra barriada…”

Aún muchos montevideanos recordaban lo sucedido veinte y un años antes, cuando otra famosa murga, “Los asaltantes con patente”, había dejado para la historia una famosa retirada, que llevaba los versos de Manuel “Huesito” Pérez, y que ha sido identificada, por siempre, como la “despedida del 32″.

La de “los patos”, la había escrito otro poeta del Carnaval Eduardo “Tornillo” Gamero y al finalizar aquella fiesta de Momo, muchos aseguraban que se estaba frente a otra retirada, que habría de quedar en la mejor historia de nuestro Carnaval.

No se equivocaron. Miles de uruguayos la siguieron cantando en una despedida de soltero, de fin de año, en una reunión de amigos o en cualquier otra ocasión, en especial, cuando las ingestas de alcohol liberan a muchos de sus prejuicios y se sienten “gorriones de cara pintada, con vuelo de serpentina”, como los definió, alguna vez, Carlos Modernell.

Cincuenta años después, cuando la máxima fiesta popular de los uruguayos ha cambiado radicalmente en muchos de sus enfoques, por lógica evolución, hacía un espectáculo de masas, la seguimos tarareando, o cantando, cuando la nostalgia nos alcanza.

Los misterios de las despedidas

Muchos de los éxitos de las piezas de Carnaval que han quedado en el recuerdo de los uruguayos tienen su cuota de misterio. La razón de que las despedidas de las murgas sean esperadas, por los espectadores de cualquier escenario carnavalero con mayor ansiedad que el texto del saludo o el cuplé, donde se desarrolla toda la sátira, la crítica social, el ingenio y todo el grotesco que sirve para convocar a la risa, es uno de esos misterios. La murga viene, descarga la crónica oral del año que el coro desgrana, y renovando una mística de años, es en la despedida, donde parece que todo, se hace carne y sentimiento.

Una retirada atípica

Carlos Modernell, está vinculado al Carnaval desde hace más de cincuenta años. Bajo el seudónimo de El Dios Verde, ha escrito para varias murgas: La Nueva Milonga, La Milonga Nacional, Los Saltimbanquis, Don Timoteo, así como para humoristas y parodistas, siendo uno de los letristas más laureados de nuestro Carnaval. También es conocida su actividad para las emisoras montevideanas, donde ha escrito infinidad de libretos y son muy festejadas sus “cuartetas deportivas” firmadas bajo el seudónimo de El Gauchito del Talud.

En 1960 y 1961 lo hizo para Los Patos Cabreros, donde dejó inmortalizado el cuplé con la adivinanza de la radio a transistores: “¿Qué será? “¿Qué no será?”, todo bajo la dirección de una figura emblemática de aquellos carnavales, José Ministeri, el popular Pepino.

“El Tornillo” Gamero logró una despedida de corte atípico. No es una despedida al clásico estilo en donde se subraya una carga de nostalgia y una apuesta al regreso de un nuevo ciclo carnavalesco.

Esta despedida del año 53, es una crónica de época, una pintura de un Montevideo irrepetible, todo lo que se dice en esa letra sucedía en nuestra ciudad por aquellos años, la colecta en el barrio para levantar el tablado, los eternos noviazgos que duraban varios años, todo lo que allí se dice es auténtico. Esa era una de las grandes virtudes de Eduardo Gamero, en una cuarteta te definía un tema. Creo que fue el padre contemporáneo de todos los letristas de Carnaval”, afirma Modernell.

También Modernell reconoce que el mensaje poético de la murga es la despedida, que es allí, donde más se afina el lápiz, pero que la elección de la música es clave.

“Tenés que ‘pegarle’ con la música, esa es la clave. Esta es el 51% de una despedida, sino es muy difícil que quede en la memoria y en el oído de la gente. Recuerdo que en una oportunidad hice una retirada que consideré estaba redonda, pero no tuvo ninguna repercusión y luego de oírla varias veces llegué a la conclusión que había fallado en la elección de la música”, nos dice. Sin embargo, no recuerda de donde es la música que utilizó Gamero para esa despedida. Tampoco en Agadu se pudo encontrar nada, simplemente está registrada como: Letra de Eduardo Gamero sobre motivos populares. Otro hecho a destacar, es que no se halló ninguna grabación, por quienes la hicieron conocer en aquellos años.

En 1954, nuevamente Eduardo Gamero volvería a utilizar la música para la retirada de Los Patos Cabreros, y otra vez Pepino haría mover su batuta con eléctricos y ágiles movimientos, pero hoy nadie recuerda esa despedida, debe ser por aquello de que nunca segundas partes fueron buenas. *

La despedida del 53

Buenas noches, auditorio/ Con satisfacción lograda/

Ya se marchan los patitos/ A alegrar otra barriada.

La Comisión no dijo/ Que la bronca tiraron/

Porque muchos vecinos/ No ponen pal´ tablado.

Cuando colecta hicieron/ Les fueron a golpear/

Dijeron que ¡perdonen!/ Nosotros nunca vamos/

Y están todos acá./ Deben de cooperar/

Pues si es grande él haber/ Podrá el barrio tener/

Un lindo carnaval/ Y si es que usted no quiere/

Un manguito largar/ la Comisión tampoco/

Que venga a garronear./ Junto a Momo bullicioso/

Dejamos como una ofrenda/ Nuestros versos bien jocosos/

En estas carnestolendas./ Muchas de las parejas/

Que están en el tablado/ Se están poniendo viejas/

Y aun no se han casado/ Sólo tomando mate/

Programan su ilusión/ y la vieja les chilla/

Porque calientas sillas/ Y ella está de plantón.

Que se casen muy bien/ Ese es nuestro desear/

Y pronto la cigüeña/ Los venga a visitar/

Y el carnaval que viene/ De ese nido de amor/

Podrán tener “los patos”/ Un nuevo espectador.

Repite

 

Buenas noches,…

Pepino

“Durante la década del

cuarenta y del cincuenta,

Los Patos Cabreros,

contaron con la dirección

de José Ministeri “Pepino”, figura simbólica como hubo pocas dentro del Carnaval.

“No creo que Pepino supiera dar bien el tono para el

ingreso del coro, pero era

un espectáculo en sus

movimientos frente al

conjunto y frente al público”, nos dice Carlos Modernell.

Sostiene que le resulta un enigma esa aceptación y esa mística que tenía Pepino

entre el público carnavalero. “No era un hombre muy

cordial, ni muy

comunicativo, ni se

destacaba por su simpatía. En una oportunidad

participé, junto con “los

patos”, en un desfile

inaugural del Carnaval,

Pepino se detenía un par de veces por cuadra, frente a

los asistentes, hacía varios

movimientos enérgicos con su cuerpo y su batuta, la gente aplaudía con fuerza y

entusiasmo, entonces,

parecía que los edificios

de 18 se te venían encima.

Es probable, que esta

fuera una de las

razones de su enorme

popularidad”, recuerda

Modernell. *

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