EL MES PROXIMO SE REPONDRAN VARIOS TITULOS Y SE ESTRENARAN OBRAS DE BERNHARD Y HANDKE

La Comedia prepara dos obras austríacas

En febrero se repetirá el ciclo de verano que se reinstauró el año pasado y que repondrá varios de los títulos estrenados en este año. También se prevé que una de las obras salga de gira por el Interior. La temporada de estrenos inicia en otoño y puede adelantarse que se compondrá fundamentalmente por obras de autores nacidos en Uruguay.

Sin embargo, las dos obras que primero comenzaron a ensayarse son de autores austríacos, porque se trata de piezas que ya estaban proyectadas para 2002. Levón dirige La fuerza de la costumbre de Thomas Bernhard, mientras Graciela Figueroa ensaya La hora en la que no sabíamos nada los unos de los otros de Peter Handke.

El Beckett alpino

Thomas Bernhard (1931-1989), nieto de un escritor, fue educado en una escuela nazi y, enfermo, fue internado en un pabellón de desahuciados en su adolescencia. Estas experiencias y la facilidad con que todos renegaron de su pasado nazi, marcaron su opinión sobre la vida y en especial su país, al que califica de «sepulcro «católico-nacionalsocialista’ que, tras su aspecto de respetabilidad, esconde una mentalidad pérfida que usa la educación para aplastar a los jóvenes, transformándolos en sujetos útiles para la causa del terror».

Cursó estudios de música y arte dramático en el Mozarteum de Salzburgo, hizo notas de prensa y comenzó a escribir en 1957 con un tono ácido y nihilista y un estilo obsesivo y reiterativo que lo emparientan con Beckett. Comenzó escribiendo poesía, es conocido sobre todo por sus novelas y por su pentalogía autobiográfica (El origen, El sótano, El frío, El aliento y Un niño). Para el teatro escribió entre otras obras, El ignorante y el demente, 1972; La partida de caza, 1974; La fuerza de la costumbre, 1974, y Minetti, un retrato del artista viejo, 1976.

En La fuerza de la costumbre, el director de un pequeño circo insiste en tocar, junto con su personal, el quinteto «La Trucha» de Franz Schubert. Afirma que un arte (el circo) se perfecciona con otro arte (la música), pero la impone del modo más despótico. Como es frecuente en el autor, unas pocas peripecias, que a veces se repiten, van mostrando la esencia de personajes llenos de pequeñas miserias.

¿Quién pasa por ahí?

Peter Handke (1942) cursó estudios de derecho antes de publicar en 1966 su primera novela y estrenar la obra que lo haría famoso: Insulto al público. Seguirían Kaspar (1967), El pupilo quiere ser tutor (1969) y Cabalgata en el lago de Constanza (1971). También poemas y unas diez novelas, como El miedo del golero ante el penal, que Win Wenders llevó al cine. La colaboración con Wenders siguió con otros trabajos, culminando con Las alas del deseo. Handke también dirigió un filme y escribió ocho tomos de ensayos. Durante la década de los año noventa, su oposición a la política de la OTAN en los Balcanes lo involucró en una polémica generalizada. Fruto de ella es su obra teatral Viaje en canoa.

Los temas de sus primeras obras fueron la incomunicación y la soledad; por ello los medios expresivos hicieron hincapié en el lenguaje, adhiriendo a las vanguardias más experimentales.

La hora en la que no sabíamos nada los unos de los otros, de 1992, se le ocurrió, dice, en un bar, viendo pasar a desconocidos. ¿Cómo logramos saber que ese hombre que pasa está satisfecho con su trabajo o que esa muchacha va a ver a su novia? Ese que lleva una alfombra, ¿va a entregarla o la acaba de comprar (o robar)? Numerosas personas cruzan una plaza y nos dejan retazos de sus historias; a veces vuelven. Las críticas de diferentes puestas hablan de setenta, ciento sesenta y nueve o cuatrocientos personajes, representados por catorce a cuarenta actores. La obra no tiene palabras, pero toda ella trata del lenguaje; de los lenguajes: la vestimenta, el cuerpo, los movimientos. Por eso se suele incluir bailarines en los elencos. En este caso, en la dirección.

«El sino de los escritores austríacos recientes parece ser la polémica –escribió un crítico–. Durante la segunda mitad del siglo XX, Bernhard atacó febrilmente el carácter represivo de la sociedad de su país, cuyas causas serían, según él, el nazismo y el catolicismo. Handke ha seguido por esa misma ruta, aunque no por ello se libró de los golpes de Bernhard. Cuando éste lo calificó de blando y a su escritura de superficial, Handke contraatacó afirmando: ‘Bernhard amaba pelearse y se inventaba historias absurdas para establecer o suscitar relaciones sadomasoquistas’.» *

Peter Handke es uno de los autores cuyas obras se pondrán en escena.

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