Humor y comedia en el Uruguay de hoy
El modelo es conocido: esquicios sobre temas de una actualidad vista desde el ángulo, deformante y revelador como las lupas, de un humor que vive en las fronteras del disparate. Pero las situaciones son novedosas, los chistes son inéditos y las bromas frescas. Llevada por la inventiva mercurial del autor, y bien apoyada por un elenco muy eficaz, la pieza ingresa cómodamente en el absurdo y hasta en el humor negro mediante una asociación de situaciones a primera vista incompatibles. Todos comprobamos que el último 6 de enero los venerables Reyes Magos llegaron mal abastecidos de regalos; todos sabemos, por otra parte, que la desocupación es el veinte por ciento de la población activa. Vidal une las dos caras y acuña la moneda del desastre: uno de los Reyes Magos, como cualquier buen uruguayo, deberá ir al seguro de paro; quizás llegue a pararse con los camellos en los semáforos para hacer malabarismos. Los esquicios están intercalados con los episodios de la historia de unos actores que planean poner en escena una obra; y aquí Vidal zahiere con agudeza la obsesión local de querer hacer demasiadas cosas, así como varios tics y actitudes estereotipadas de nuestra gente: el espíritu burocrático y la avasalladora apatía. Al fin, el director de la obra (por el mismo Vidal), un intelectual que siempre tenía a mano un video con los filmes de Kurosawa, Kusturica y Tarkowski, abandona la obra: vuela al día siguiente a Nueva Orleans para trabajar como chofer en un reparto de caramelos.
El esquicio de la reestructura de la empresa, que en buena parte es una trágica parodia del downsizing de los Estados Unidos traducido por nuestros «ejecutivos», tiene calidad dramática, en particular en la escena del despido del sereno; hasta podríamos ver una sombra trágica cuando la escena nos refleja la desesperante atonía que nos domina. El esquicio final, el de los hombres comunes y corrientes, entre ellos un médico que está de guardia, que pugnan por ganarse unos pesos más como travestis, está muy logrado; entre sus aciertos anotamos, primero, la denuncia de la hipocresía inconsciente del médico, padre que, vestido de mujer y en pleno «pique» o «levante» considera que no soportaría «tener un hijo puto»; también se señala la obsesión por el dinero y el status, cuando uno de ellos (por Ricardo Couto) afirma muy ufano que se come «treinta vergas por noche» para pagar los estudios de sus hijos en el Crandon.
El amor se ahogó en la sopa, de Franklin Rodríguez, intenta una renovación con respecto a las obras conocidas del autor. Rodríguez estampa en el programa una muy seria adhesión a las tesis de Simone de Beauvoir en «El segundo sexo» y dice, por ejemplo, que «Es un verdadero tratado sobre el sometimiento de media humanidad. Es también una proclama liberadora que se cumple sin sangre, sin ruido…»
Pero El amor se ahogó en la sopa, un título sonoro y tanguero que define mal al argumento, ejemplifica, antes bien, las tesis pro masculinas de «El varón domado» de Esther Vilar. Hay una agencia de reeducación de machistas irredentos, dirigida por una psicóloga o psiquiatra (Isabel Schipani) que con un equipo de dos mujeres, ambas audaces y una de ellas sádica (Virginia Ramos, Natalia Chiarelli), emprende la tarea de reformar y hasta someter a un marido despótico (Franklin Rodríguez) que maltrata a su tímida cónyuge (Myriam Campos). La pieza es más una comedia que una obra de humor, y casi diríamos que es demasiado seria; pero su planteamiento y sobre todo su poco inventivo desarrollo, no le permite a Rodríguez extraer del texto comicidad ni, mayormente, diversión. Y si en algunos momentos, que no son muchos, la platea es movida a la risa, ello se debe al arte de intérprete del mismo Rodríguez, no a su ingenio de dramaturgo. *
YA VENDRAN TIEMPOS PEORES, de Enrique Vidal, con Ricardo Couto, Enrique Vidal, Eduardo Guerrero y Jorge Bazzano. Vestuario de Ana Arrospide, iluminación de Eduardo Guerrero, banda de sonido de Javier Mazza, dirección de Marcelino Duffau. En Teatro del Mercado, San José 1312, reservas al 099240111161. Estreno del 10 de enero.
EL AMOR SE AHOGO EN LA SOPA, de Franklin Rodríguez, con Isabel Schipani, Myriam Campos, Franklin Rodríguez, Virginia Ramos y Natalia Chiarelli. Escenografía y luces de Adán Torres, vestuario de Luis Millán, música y efectos de Alfredo Leirós, Nicolás Albornoz y José Raúl Rodríguez, dirección general de Daniel Videla. En teatro del Centro Carlos Eugenio Scheck, Plaza de Cagancha 1164, tel. 902.89.15.
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