Poncho al viento hoy en Punta del Este
Cuando Soledad estuvo hace unas temporadas en Maldonado participando en un concierto gratuito, prácticamente unas diez mil personas fueron a ver esa forma del quehacer folclórico en escena: los tiempos ya en auge del revoleo del poncho y de la expansión de un repertorio con clásicos de la estética folclórica más bien convencional.
Y pese a ello, en segundos, ese trazo folclórico en cierta forma previsible se transformó en el ícono sagrado de la llamada «proyección folclórica». Solamente rastreando –junto a su padrino y guía César Isella– en el universo del folclore construyó un repertorio de canciones envolventes, perdurables y «gancheras». Atacar con dignidad a Atahualpa Yupanqui fue uno de sus méritos más reconocibles y una toma de decisión riesgosa. Le salió bien la movida a Soledad Pastorutti, aún mejor si se piensa en el impacto popular que ha alcanzado en todas partes.
No hay novedades ni gestos renovadores en la chica oriunda de Arequito, Argentina: voz potentísima y clara, con muy buena dicción, con aplicado respaldo musical. Esto se materializa como un fenómeno popular que se atreve a efectuar covers o versiones que la llevaron a ser una de las figuras más taquilleras del Río de la Plata. Después la contrató el productor Emilio Estefan (asentado en Miami) y la mezcla folclórica con una estructura arreglística más pop o más moderna, o si se quiere aplicada a los tiempos que corren, no dio los resultados previstos. Con ese disco grabado en Miami, Soledad se desnaturalizó aun cuando antes había abordado canciones de grandes del cancionero popular latinoamericano, como nuestro José Carbajal, por citar un ejemplo.
Soledad Pastorutti en el concierto de esta noche, a las 22.00 en el Hotel Conrad, recorrerá las canciones de Libre: el disco la encuentra más dueña de sus evidentes potencialidades como intérprete y tratando de actualizar más selectiva y cualitativamente el mapa de su repertorio. Posiblemente practique una versión de «Ayer te vi», de Ruben Rada, y pasee por los éxitos de su meteórica carrera como cantante, algo que su público le agradecerá fervorosamente.
Soledad todavía no ha alcanzado a redondear su pieza maestra, todavía está lejos de lograrlo. No se sabe si ésas son realmente sus intenciones o en todo caso pretende continuar flotando como una figura taquillera y en consecuencia popular: es un modo de supervivencia artística en estos duros tiempos de la industria musical.
Y Soledad vaya si lo sabe después de su experiencia con Emilio Estefan. Lo cierto es que si alguna vez se pensó que era una forma de fugacidad, Soledad sigue con un empuje realmente encomiable: algo que la caracteriza off stage es su permanente inquietud por seguir en la brecha de una celebridad que se ganó a pulmón. No para. Y el público de edades mezcladas se ha abierto a una llana propuesta que tiene –claro está– sus altibajos, algo que a sus seguidores poco le importa. Lo importante es que ha tratado de tener un mayor aplomo expresivo y escénico, ganar en profesionalidad y en el ejercicio de repotenciar un carisma que evidentemente la mantiene en la cresta de la ola o en permanente foco, de cara a sus receptores o los mass media con los cuales se maneja en forma muy ingeniosa e inteligente en tanto alcanza sus objetivos
En Libre, desde esa evocación al español Nino Bravo, Soledad Pastorutti trepará al escenario del Conrad para convencernos que su actuación será emocional, vibrante a partir de una voz sencilla e intensa y por momentos hasta con esa rara ternura que parece ser la debilidad del público que irá a verla (oírla) como en misa. *
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