Tiene la palabra
La irresponsabilidad de Edmundo Canalda, editor de «Fin de Siglo»
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasan Mertens
Ante las reiteradas preguntas que se me han formulado en el último mes, utilizo esta vía para explicarles a los cientos de personas que molesté, el destino que corrió la nueva edición de «Uruguayos por su nombre».
I) A principios de agosto de 2001, recibí el pedido de Edmundo Canalda, editor de «Fin de Siglo» de realizar una versión ampliada y actualizada del diccionario de mi autoría publicado en 1996. Ya antes de aquella fecha, el editor me había hecho un planteamiento semejante en dos ocasiones, pero yo me había negado porque –por el antecedente de 1996–sabía que se trataba de un trabajo lleno de dificultades. Finalmente, en la tercera oportunidad, acepté el encargo.
2) Comencé a trabajar en la nueva versión inmediatamente. A mediados de febrero de 2002, disminuí el ritmo debido a que me dediqué a terminar «El éxito de la desmesura», biografía de Julio César Sánchez Padilla, que también fue publicada por «Fin de Siglo» y que se presentó, en mayo de ese año, en un acto multitudinario con la presencia, promovida por el editor, del doctor Jorge Batlle, Presidente de la República.
3) Al día siguiente de la presentación de «El éxito de la desmesura», me aboqué a la culminación del nuevo diccionario que se me había pedido, con la finalidad de entregar los originales en la editorial a más tardar el 31 de octubre, de modo que se publicara a mediados de diciembre, fecha reiteradamente manejada con el editor.
4) Molesté a cientos de uruguayos –la versión final contiene más de 800 entradas y muy pocas las hice basándome en otras publicaciones–, los seguí y los perseguí por Montevideo, por el interior del país y por el exterior, (Argentina, Brasil, Chile, Cuba, Venezuela, México, EEUU, España, Italia, Francia, Alemania, Noruega, Holanda, Austria, Finlandia y Suecia), al extremo de que la búsqueda de algunos de ellos se volvió casi obsesiva. Mi apuro se debía, precisamente, a que me había comprometido a entregar el resultado de mi trabajo el 31 de octubre. A todos, por supuesto, les hice saber que se trataba de un trabajo por encargo para «Fin de Siglo».
5) la peculiaridad del trabajo me obligó a realizar gastos extraordinarios en las comunicaciones telefónicas, debido a la permanente utilización de los correos electrónicos –varias veces por día–, a la consulta de páginas web de algunas personas que me indicaron ese medio como fuente primaria de información y a las llamadas realizadas tanto a residentes en Montevideo como en otras ciudades del Uruguay. Además de los desplazamientos que me exigieron las entrevistas a quienes prefirieron ese medio para proporcionarme los datos que les solicité.
6) Finalmente, entregué el material el viernes primero de noviembre. Tres días después, el lunes 4 de noviembre, el editor me comunicó, aduciendo que la situación económica había cambiado, que le sería muy difícil publicar lo que me había encargado. Telefónicamente, incluso, llegó a calificar al diccionario como «una obra impublicable».
7) Hasta el día en el cual escribo esta carta (17 de diciembre de 2002), el editor ha continuado afirmando que le es imposible publicarlo. Durante todo el proceso de gestación del diccionario mantuve al editor informado sobre la marcha de mi trabajo. Periódicamente me comunicaba con él y nunca me pidió que lo detuviera ni me hizo saber que había desistido de su encargo. Tampoco me advirtió sobre dificultades que pusieran en riesgo la publicación.
8) El cambio radical en la situación económica del Uruguay, se produjo –tal como es público y notorio– a fines de julio y a principios de agosto de 2002. El editor aceptó que yo continuara trabajando en los meses posteriores –justamente en los que desarrollé un ritmo frenético– sin avisarme que aquel cambio interfería con su compromiso de publicar el diccionario.
9) A mediados de octubre, el propio editor se encargó de reunir la información de dos personas que a él le resultaba más fácil ubicar (me la envió por correo electrónico), de modo que aún en esa fecha su intervención mostraba que su compromiso seguía en pie.
10) Es más: el miércoles 23 de octubre, ante el inminente vencimiento del plazo de entrega, la esposa del editor y administradora de «Fin de Siglo», vino a mi casa –donde yo trabajaba todo el día en el diccionario, gracias a la licencia que había solicitado en la oficina– para entregarme el currículum de otra persona a la cual ella tenía más rápido acceso que yo. Ni siquiera en ese momento se me dijo que la situación había cambiado.
11) Publico con «Fin de Siglo», desde 1993. En el lapso que va desde ese año hasta el 2002, aparecieron en ese sello editorial siete libros míos, algunos de los cuales alcanzaron niveles muy altos de ventas y, en cierto caso concreto, excepcionales para el Uruguay. Nunca firmé un contrato. Nunca exigí un adelanto. Por el contrario, en más de un caso, hasta hice concesiones en el cobro en los derechos de autor que me pertenecían, aceptando perder importantes sumas de dinero. Siempre me moví con la mejor voluntad porque hasta entonces había creído en la buena fe del editor.
12) El editor ha decidido condenar al silencio el resultado –sin ofrecerme resarcimiento alguno– de más de un año de un trabajo que él mismo me encargó. Un trabajo que, por su naturaleza, es perecedero.
15) Y por añadidura ha ignorado las molestias que debieron soportar cientos de personas que estaban convencidas de que me entregaban información para incluir en un diccionario que sería editado por «Fin de Siglo», a mediados de diciembre de 2002.
MIGUEL ANGEL CAMPODONICO – <[email protected]>
Una opinión sobre el BHU
Señor Director de LA REPUBLICA
Dr. Federico Fasano Mertens
El Banco Hipotecario, y no lo descubro yo, llega a la situación actual fruto de haber tenido directorios nombrados por el Poder Ejecutivo de turno, cuyos integrantes han tenido como premisa fundamental el clientelismo político sin importarles absolutamente nada del mejoramiento en el funcionamiento del mismo. Cabe acotar que tampoco el Poder Legislativo estuvo a la altura de las circunstancias, habiendo actuado con mucha demagogia y desconocimiento del tema.
Algunas cosas que han sucedido y siguen sucediendo:
A) La total desprotección de los buenos pagadores que nunca han sido tenidos en cuenta para que se les reconociera su esfuerzo de pagar mensualmente su cuota haciendo que por un lado el Banco fuera recuperando el crédito concedido y por otro haciendo viable el funcionamiento de las Comisiones Administradoras mediante el pago de los gastos comunes.
B) Este año, una vez más, el banco propagandea que aquellos que no han pagado durante 2002 si pagan antes de fines de febrero lo harán sin ningún tipo de recargo.
La pregunta es: a aquellos que estuvieron atrasados en 2002 y en el mismo año hicieron el esfuerzo de pagar y por supuesto que les cobraron con recargo. ¿Qué medida van a tomar, les devolverán los recargos? Este tipo de medidas que pueden aparecer como simpáticas y hasta de contemplar a la gente con problemas, sólo tiene una consecuencia: hacer cada día haya más morosidad ya que, para qué pagar al día, si después se podrá pagar todo sin ningún recargo.
C) La total improvisación en cuanto a cómo recuperar la cartera de morosos: en vez de haberse decidido a hacer un estudio serio sobre la situación de los mismos, por vía de las pésimas decisiones gerenciales se equiparó a todos l
os deudores por igual, olvidando que al hacerlo se desequiparaban a los mismos, ya que no es igual un deudor con problemas de desocupación, jubilación o pensión bajísima, etc., al cual hay que contemplar y encontrarle una solución, sin que esto signifique que no paguen más, con aquellos que hicieron y hacen uso y abuso del banco y que dejaron de pagar durante por ejemplo 10 años sin que el banco actuara contra ellos ya que sin duda estaban en condiciones de pagar –por tener buenas entradas mensuales y/o haber alquilado la unidad, y esto lo pudieron hacer en muchos casos por amiguismo político; esto también perjudicó el funcionamiento de las Comisiones Administradoras. En este punto es importante destacar la falta de conocimiento y demagogia con que algunos actores políticos intentaron presentar proyectos de ley.
D) El Banco ha puesto a la venta unidades que recuperó en distintos complejos haciendo dos cosas impresentables: 1) Pone nuevamente a la venta las unidades y la información correspondiente dice: «se entregan en el estado actual de conservación», si esto lo hiciera una institución privada haría que la atacáramos, como corresponde, porque el Banco está vendiendo unidades en Complejos que tienen vicios de construcción desde hace 20 años y esto es así a pesar de la opinión contraria de algunos arquitectos del mismo y le están pasando un nuevo problema a las Comisiones Administradoras ante quienes, el nuevo vecino, hará los reclamos correspondientes y 2) está vendiendo a precios absolutamente fuera de toda lógica, a pura cuota ya que el importe que se debería pagar como entrega inicial ya desde el comienzo pasa para el final o sea para dentro de 20 o 25 años.
E) En el proyecto de reestructura del Banco que más que eso es el comienzo de su liquidación lisa y llana, entre otras perlitas surge la posibilidad del cierre de agencias. Como es posible pensar que en un momento en que todos, hasta el «almacén de Manolito» busca por todos los medios hacerle más fácil la tarea a sus clientes se pudiera cerrar la agencia Unión lo que haría que la clientela se tuviera que dirigir a la casa central.
F) Como es posible que la cuota del Banco no se pueda descontar a través del débito automático del BROU por lo menos, cuando a otras empresas del estado e intendencias se les paga por cualquier tarjeta o débito automático.
Qué esperamos entonces los promitentes compradores del BHU: 1) Retasación inmediata de las unidades ya que seguramente las mismas pueden estar pagadas y se instrumente que si de la misma surge que hemos pago de más se nos haga un crédito por la diferencia; 2) Pago de cuotas en relación a los verdaderos ingresos del núcleo familiar, ajustándose las mismas toda vez que los ingresos tengan modificaciones; 3) Instrumentación de una política seria, basada en justicia y equidad y no en amiguismo y/o clientelismo político para resolver los casos de los morosos de acuerdo a la realidad de cada uno; 4) No escriturar hasta tanto queden acordadas las medidas que se tomarán para solucionar los vicios de construcción existentes.
En fin, habría mucho más para decir pero esto se haría muy largo. En el banco hay jerarquías que han recibido propuestas de las Comisiones Administradoras que nunca fueron tenidas en cuenta y también en la Comisión de Vivienda de Diputados ha pasado lo mismo.
JORGE CAFARO – CI 945.885-0
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