Un portugués revitaliza París

En los años ochenta fue Philippe Starck el gran renovador de bares, hoteles e interiores presidenciales con una imaginación de enorme originalidad, fundamentada en el diseño de Pierre Chareau, de los años veinte. El inolvidable Café Costes, hoy desaparecido, fue uno de sus mayores hallazgos. Pero ahora pasó la moda del barrio Beaubourg-Les Halles y otra vez, como un ave fénix, resurgen los Campos Elíseos. La movida parisina se localiza allí en el nuevo milenio, por obra del arquitecto de interiores portugués Miguel Cáncio. Así lo consigna Daniel Ribeiro, el corresponsal del semanario Expresso de Lisboa, uno de los mejores del país que cumple treinta años. Cáncio se formó en Bélgica y a los 35 años es responsable de la renovación de buena parte de los restaurantes y bares desde la plaza de la Concordia hasta el Arco de Triunfo. A los clásicos Fouquet’s y Maxim’s (que abrió Le Minim’s, más económico) y los restaurantes chinos Chez Vong, Tse Yang y Diep (sumamente caros, alrededor de 150 euros), un poco aislados, se agrega un collar de nuevos establecimientos, frecuentados por el jet set francés e internacional.

El Bouddha, a pocos metros del famoso hotel Crillon, es un bar-restaurante-discoteca parecido a un templo tibetano enorme dominado por un gran buda de bronce, efluvios de incienso, brazos de pulpo, muy frecuentado y a donde resulta imposible entrar los fines de semana. El ambiente es fantástico por la calidad de la música etno-latino-hindú de Claude Challes, el DJ de París por antonomasia. La decoración zen es generadora de antiestrés y los baños están recubiertos de azulejos portugueses. En la rue Marbeuf está el Man Ray (nombre del famoso surrealista), una monumental discoteca, quizá la mayor de la ciudad. Se asegura que el interior es uno de las más hermosos del mundo, con una mezcla de estilos de Andalucía y Marruecos, India e Indonesia. El arquitecto Miguel Cáncio ya fue socio de esta discoteca y ahora sus propietarios son varios: Johnny Depp, John Malkovich, Sean Penn y Bono. Es el lugar «in» por excelencia de París, donde Madonna festejó su último aniversario. En la misma calle está el Dobbies, el primero que decoró Cáncio en 1992. Siguió con otros locales cercanos (Mandarin, los bares Veranda, Monkey’s Club, Jaipar, en el hotel Vernet, Spicy). Su metéorica carrera de arquitecto de interiores lo llevó a Nueva York, donde inaugurará en abril otro bar Man Ray. El Brafly es otro bar de Cáncio realizado bajo el signo de Charles Bukowsky, aunque la pulcritud del ambiente en nada se parece a la decadencia alcohólica del escritor estadounidense.

La segunda ciudad portuguesa es París, con más de un millón de emigrantes lusitanos que durante la dictadura y la vida miserable salazarista buscaron refugio, clandestinamente, en Francia. Gente humilde o profesionales que comenzaron barriendo calles y ahora orientan el gusto de la Ciudad Luz, donde los chefs de los restaurantes Closerie des Lilas y La Coupole, los míticos reductos de Montparnasse, son también portugueses. Todo cambia, como dice la canción. *

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje