OTRA DEUDA DE LA TELEVISION ABIERTA

Educación sexual en la pantalla chica

Quizás esto sea una simplificación, pero se halla muy cerca de la verdad y puede ser comprobado apenas se observe la realidad cotidiana con un pensamiento crítico y libre de prejuicios.

Si así son las cosas, hay una asignatura que tanto la educación formal como la televisión abierta tienen pendiente: la educación sexual. Con una diferencia, claro. Mientras que en las escuelas ha habido algunas aproximaciones al tema, tal vez imperfectas y seguramente insuficientes, la televisión regala a diario unas abundantes informaciones –de algún modo hay que llamarlas– acerca del sexo y del erotismo que sólo pueden generar a los chicos una terrible confusión. En otras palabras, la «caja boba» tiene una deuda mucho mayor con la sociedad y, mientras no la salde, las consecuencias serán, por acumulación, cada día más dañosas.

Vale la pena reflexionar acerca de esto.

Primero, ubiquemos el problema en el contexto correcto. La antropóloga Helen Fischer, que ha estudiado la cuestión sexual en más de sesenta culturas, es categórica: «Se dice que los menores de hoy están expuestos a billones de megabytes de información sobre sexo y que esa sobredosis atrofiará su sentido de exploración y experimentación. No es verdad, Desde una perspectiva antropológica, durante millones de años los hijos de nuestros ancestros estuvieron expuestos a la escena de sus padres practicando el sexo, a su lado, apretados en la pequeña cabaña que abrigaba a la familia entera (…) En su cotidianeidad, los niños aprendían cosas valiosas sobre la sexualidad».

Este enfoque de Fisher, con el que se pueden admitir diferencias de matices, tiene que ver con la evolución de la historia humana: el gran cambio en la manera como hombres y mujeres se relacionaban entre sí tuvo lugar cuando se descubrió la agricultura. El papel del hombre se hizo más importante, haciendo la guerra y arando la tierra, y la mujer, convertida en recolectora de alimentos y generadora de hijos, se volvió una subordinada. Hoy, al observarse un retorno al nomadismo y al modo de vida de la caza y la obtención de los alimentos –marido y esposa salen del hogar a trabajar y se busca todo lo que se necesita en los supermercados–, se está regresando también a la sexualidad que cultivaban nuestros antepasados más remotos. De ahí nace la teoría que la antropóloga norteamericana defiende con más entusiasmo: «Necesitamos más educación sobre el sexo. Las clases de educación sexual que se ofrecen en las escuelas son artificiales. Y la televisión vive mostrando escenas de romances ardientes, pero rara vez vemos madres contando a sus hijas las cosas buenas de la vida sexual y los padres tampoco hablan con sus hijos del asunto».

La televisión abierta debe hallar la forma de contribuir a una correcta educación sexual. Si bien sería absurdo pretender que elimine de su pantalla toda la sexualidad errática que contienen la publicidad, las películas y hasta las canciones que exhibe, parece sensato reclamarle una suerte de preocupación compensatoria.

O sea, incorporar nuevos programas, suficientemente entretenidos, que den al niño las nociones que necesita para ir conociendo acerca del sexo, de acuerdo a las modificaciones culturales que están ocurriendo y en una perspectiva de libertad que, además, estimule la benevolencia por los otros y el pudor bien entendido; o sea, para entendernos bien, un pudor alimentado del sentimiento de respeto y no de mero puritanismo.

Ciertamente, todo esto puede ser objeto de debate. Es polémico en sí mismo. Pero no hay que rehuir el desafío de afrontarlo.

Mientras la educación formal termina de sacudir su modorra, sus anacronismos y sus censuras, la televisión abierta debe aceptar el reto de ayudar a la educación sexual de la niñez uruguaya. Para eso tiene que poner más valentía e imaginación en los materiales que produce –o que debería producir, siendo que hasta ahora lo ha hecho poco y mal– al tiempo que corrige, hasta donde es posible, las patologías de sus otros contenidos que, a cualquier hora, vierten información encima de la inocencia de los más pequeños: publicidad, videoclips musicales, películas, ciclos de moda y de tratamiento corporal, teleteatros y dramones, etcétera.

No le será fácil. Pero es uno de sus principales deberes en este tiempo.

Te recomendamos

Publicá tu comentario

Compartí tu opinión con toda la comunidad

chat_bubble
Si no puedes comentar, envianos un mensaje