El imperio Guggenheim se derrumba

La fama del Museo Guggenheim de Nueva York está sólidamente asentada. En 1943 el industrial, coleccionista y filántropo estadounidense Salomon R. Guggenheim (1861-1949) encargó al arquitecto Frank Lloyd Wright el diseño de un museo para su colección. Fue inaugurado en 1959 y el espacio ideado consistió en una rampa de espiral continua de una altura correspondiente a seis pisos que circunda un espacio central abierto, con una cúpula de cristal cuyos elementos constructivos se extienden hasta el pavimento de la vereda. Fue un acontecimiento, muy polémico, y aún hoy no convence ese descenso inevitable para ver los cuadros en forma inclinada. Pero la colección es notable, en especial el medio centenar de kandinskys.

Desde que asumió hace más de 20 años el director Thomas Krens, muy discutido en la orientación estética que otorgó al museo y los proyectos imperiales de macguggenheimnizar el arte, es decir, con el pretexto de difundirlo y popularizarlo creó factorías mercantiles en varios países, apostando a la espectacularidad como atractivo principal, adoptando estrategias de marketing y aprovechando franquicias globales propias de una multinacional.

Luego de gastar la cifra récord de 48 millones de dólares en 1999 y establecer una red de museos en Bilbao, Berlín, Las Vegas y amenazar con instalarse en Brasil y levantar una nueva sede en Manhattan, el Museo Guggenheim se vió forzado a recortar el 50% de los gastos en el año 2002 con la pérdida de la mitad de sus funcionarios. Esa misma crisis presupuestaria obligó a la retirada del museo de la «joint venture» con la casa de moda Prada en el Soho, una tienda diseñada por Rem Koolhaas, también responsable del Guggenheim de Las Vegas (en el interior del casino The Venetian y otra sala menor, el Hermitage Guggenheim) en el más puro estilo kitsch de la ciudad del juego y que, luego de estar abierto durante año y medio, debió cerrar ante el fracaso total del emprendimiento. La crisis financiera de la sede neoyorquina se manifiesta en una caída del 25 por ciento de las visitas y en la disminución de las cantidades entregadas por los patrocinadores.

El proyecto favorito del director Krens, construir un museo por el arquitecto deconstructivista Frank Gehry (autor del Museo de Bilbao) en la orilla del East River de Manhattan, de un costo cercano a los 900 millones de dólares, no se realizará en el futuro inmediato, aunque el presidente de la Fundación Guggenheim, el magnate Peter Lewis, con un patrimonio personal de 1.300 millones de dólares, sigue dispuesto a cubrir el 25 por ciento de su coste. Falta el 75 % y, en los tiempos que corren, es harto difícil conseguirlo. El museo estrella de los noventa pasó del lujo a la austeridad. *

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