EL DISCIPULO, CON LA MAGISTRAL ACTUACION DE AL PACINO, MUY PRONTO EN MONTEVIDEO

Las apariencias siempre engañan

Nunca pensó James Taylor (el ascendente Colin Farrell) que, de pronto, lejos de sus principios de deseo, iba a ser reclutado para formar parte de la elite de agentes de la CIA. Cuando Walter Burke (Al Pacino), el reclutador, apenas lo ve en acción sabe que hay potencial como para ingresarlo a la agencia e intuir, ciertamente, que ese joven de alto coeficiente intelectual y amplia capacidad atlética sorteará todos los tests.

En el El discípulo /The recruit) Roger Donaldson enfoca, pues, y he aquí lo más atractivo del largometraje, la interna de los aspirantes en una secuencia de pruebas donde medirán fuerza, ingenio, capacidad de riesgo y toma de decisiones en situaciones límite, además de aprender toda clase de trucos en seguimientos y operaciones absolutamente encubiertas.

En ese contexto puede decirse que El discípulo (*) se vuelve interesante, acaso porque delata el modus operandi de la CIA puertas adentro, esto es, cómo construir una mente y un cuerpo con licencia para matar porque «nosotros somos los buenos», según las palabras siempre tajantes, admonitorias del personaje de Pacino. Algo así como aceptar que los Estados Unidos son la policía del mundo, vaya novedad, y hay infinidad de enemigos, por lo que habrá que estar siempre preparados para lo peor o incluso lo inesperado. El filme simplemente constata, describe, rodea a los personajes y les otorga una dinámica lúdica –con una estructura que recuerda a The Game, de David Fincher– y asimismo una métrica de suspenso que no excluirá desde luego el romance entre el personaje irreverente, lanzado de Farrell y el que compone con solvencia y mayor contención Bridget Moynahan.

Entre los tests y la realidad real hay un hilo delgado que se corta. Y allí la anécdota adquiere una contextura dramática que pondrá al espectador en vilo cuando Taylor –elegido, por sus aptitudes, como el agente que trabaja solo, sin backdraft, atado a sus conocimientos y destreza personales– tiene la misión de descubrir a un factible traidor que ha logrado colarse en Langley, el sitio de entrenamiento, que aparentemente está robando datos confidenciales para vendérselos a un enemigo exterior aún desconocido.

Es allí que, en el gran juego que propone el filme, todo deviene confusión, datos cruzados, pistas finalmente demasiado claras como para que todo sea verdadero. La pregunta es, pues, si es la mujer que ama la que lo está traicionando o si hay alguien en las sombras manipulando un juego que puede llegar a ser mortal. Con pulso para articular secuencias de grata resolución dramática, aún menor, El discípulo posee un desenlace de alto voltaje y no va más allá de constatar el modelo para armar y para actuar de la CIA. Puede verse por el afinado rendimiento actoral de Pacino y Farrell, por el buen manejo de suspenso y las viñetas lúdicas. *

(*) Preestreno en Hoyts General Cinema de Punta Shopping

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