Los sustos en la pantalla grande
Según la crítica especializada, Psicosis, de Alfred Hitchcock, encabezaría esta selecta lista de pavorosos fotogramas. Concebida como la más impactante de las películas de suspenso y terror (a partir de una encuesta del American Film Institute), el periplo de Norman Bates ha marcado a fuego su sello de horror en el séptimo arte, especialmente cuando masacra a Janet Leight en la ducha.
Por cierto que el rey del suspenso parece acaparar esta selección de horror del celuloide ya que también Los pájaros y Vértigo aparecen como otros filmes predilectos dentro de esta tenebrosa lista de horrores en cinemascope. Si la selección se hubiera realizado en estos últimos tiempos es probable que títulos como El sexto sentido de Night Shyamalan o Los otros de Amenábar también aparecieran entre los más destacados para promover sobresaltos en la butaca. De todas maneras, el antropófago Hannibal Lecter se coló a fines del siglo pasado con El silencio de los inocentes de Jonathan Demme junto a las inquietantes Tiburón de Steven Spielberg y El exorcista de William Friedkin.
Probablemente Pecados capitales de David Fincher también merezca estar entre los títulos más desacomodadores de las últimas décadas junto a Alien de Ridley Scott y la célebre Entrevista con el vampiro de Neil Jordan. También El bebé de Rosmary de Roman Polanski resultó, en su momento, el ejercicio introductor a una nueva era de profecías apocalípticas que generó continuaciones tan endebles como truculentas. Este mérito le permitió estar entre otro de los filmes más votados, pero, cabe señalar, sólo re-inventores del género como George Romero con La noche de los muertos vivos o Sam Raimi con Diabólico lograron inyectar savia nueva al asunto después de muchas diabluras menores.
Más allá de clásicos como el Frankenstein interpretado por Boris Karloff o el Drácula de Lugosi, los herederos del pánico rindieron un homenaje a sus maestros. Desde Coppola a Kubrick (con El resplandor, basado en un texto de Stephen King), cineastas de todos los colores se han jugado a la fascinación del miedo con suerte desigual. Algunos, como Carpenter, han logrado hitos al estilo de Halloween (e incluso Vampiros), mientras que otros artesanos menores han puesto más oficio que talento para conjurar sagas interminables como la de Martes 13.
Monstruos eran los de antes
Hoy por hoy –salvo excepciones– la cantera del terror parece relativamente agotada. De nada sirven fabricaciones digitalizadas como las de Anaconda para resucitar los sustos de antaño. A pesar de los trucajes primitivos de King Kong, estos largometrajes iniciáticos poseían un asombro original que parece haberse perdido en continuaciones y refritos.
De vez en cuando, filmes extraños como El terror llama a la puerta, Depredador, Hombre Lobo en París, Fantasma, Blair Witch o hasta el primer Candyman, logran despertar la curiosidad del entendido. Pero luego, con tropiezos escandalosos (que generalmente reiteran la presencia de destructivos alienígenas, zombies asesinos o vampiros adolescentes), las esperanzas de disfrutar un excitante filme bizarro que tienen algunos incondicionales se desvanecen por completo.
Apenas queda alguna tabla de salvación que brinda el cómic para que títulos como Spawn, Blade o El cuervo ofrezcan cierto chisporroteo un poco más atractivo que productos como Sé lo que hicieron el verano pasado o Leyenda urbana. El resto es más cáscara que otra cosa, aunque La Ouija se postule como una posibilidad a tener en cuenta. Habrá que esperar que llegue la noche. *
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