Lo que se vio en Uruguay
Los diferentes festivales cinematográficos que tuvieron lugar en nuestros pagos bien pueden resultar un especial componente de este fenómeno. A continuación, LA REPUBLICA pasa revista a dichos acontecimientos.
Imposible no comenzar esta nota con la mención del Festival Cinematográfico Internacional del Uruguay promovido por Cinemateca. Este año los lauros fueron para Ningún lugar a donde ir, del germano Oskar Rohler, que obtuvo el Premio del Jurado Oficial como Mejor Filme, Verdaderamente humano, del danés Ake Sandgren, que se quedó con el Premio Especial y el Premio Fipresci de la Crítica, Bajo las estrellas, de Christos Georgiou, que resultó ganadora como Mejor Opera Prima y una Mención Especial para la chilena Taxi para tres, de Orlando Lubbert (que después se quedó con el Primer Premio del Jurado Iberoamericano), un ejercicio contestatario que ya venía con una amplia lista de distinciones en su haber.
El cine de todas partes
Por su parte, Europa, un cine de punta, adelantó delirios audiovisuales de la talla de Amélie, exuberante filme de Jean Pierre Jeunet sobre chica que decide cambiar el destino de sus congéneres hasta que descubre al amor de su vida. Risueña, onírica y dotada de un humor surrealista, fue uno de los mejores largometrajes que pudieron disfrutar los uruguayos. En el momento de su exhibición puntaesteña, ya había conseguido varios premios (el del Festival de Edinburgo, el de Karlovy Vary y el de la Cinematografía Europea), pero después también se quedó con algún Premio César de Francia. Otro título a tener en cuenta fue Una casa con vista al mar, del venezolano Alberto Arvelo, sobre la novela Vicenzino Guerrero, de Freddy Sosa. Un verdadero canto a la dignidad, respaldado por la sobria actuación de Imanol Arias (y una estupenda fotografía). Por último, el Festival de Punta del Este también promovió Mi mujer es una actriz, del director francés Yvan Attal, una simpática comedia sobre los avatares domésticos de una artista famosa y cómo lleva dicho peso el marido de la popular actriz.
Una movida diferente la dio el Festival de Francia, España e Italia que, en principio recibió el nombre de Pre Efi 2002, aterrizando en Cinemateca y en el Complejo Hoyts Alfa Beta con varios títulos atendibles. Entre lo más interesante figuró el filme italiano El último beso, de Gabriele Muccino, un esperanzador adelanto que luego pasó a exhibirse en circuitos comerciales.
Posteriormente, la segunda muestra del EFI –a fines de noviembre– llegó con El oficio de las armas, de Ermanno Olmi, para dar cuenta de una de las mejores oportunidades de ver cine del bueno a través de una historia ambientada en el siglo XVI en la época de Carlos V. Este festival también brindó el espacio que se merecía a La dama y el duque, largometraje del maestro Eric Rohmer, ambientado en la Revolución Francesa.
Por su parte, el Primer Festival de Cine de Montevideo que aunó los esfuerzos de la empresa Movie Center, la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay –que fusionó su Festival de la Crítica con esta iniciativa– y la Intendencia Municipal de Montevideo, provocó una interesante movida de buen cine.
En este sentido, títulos como El camino de los sueños, de David Lynch, Hable con ella, de Pedro Almodóvar, y El crimen del Padre Amaro, del mexicano Carlos Carrera, han sido los principales puntos de atracción. El delirante filme Mulholland Drive –tal el título original de El camino de los sueños— supuso una experiencia surrealista no apta para profanos, mientras que Almodóvar demostró estar en la plenitud de su carrera cinematográfica, con un título cercano a la obra mayor. También el francés Laurent Canntent hizo acto de presencia con El empleo del tiempo, otro largometraje que puede considerarse –junto con los filmes ya señalados– como lo mejor que ha podido verse en la presente temporada, al igual que No man’s land o –traducción mediante– El último día, Oscar a la Mejor Película Extranjera que Bosnia obtuvo de la mano del director Danis Tanovic.
Venezuela –a su vez– dijo presente con Tres noches, un inquietante narcotrhiller que, a través del director Fernando Venturina, logró un atendible ejercicio policial con ramificaciones sociales (y que se exhibió en Festival Cinematográfico de Montevideo por única vez). Exlusividad que también se dio con la Semana de Cine Mexicano incluida en dicho festival, donde filmes como Por la libre, de Juan Carlos de Llaca, En el país de no pasa nada, de María del Carmen de Lara (Premio OCIC a la Mejor Película), Otilia Rauda, la mujer del pueblo, de Dana Rotberg, De la calle, de Gerardo Tort, y, sobre todo, Sin dejar huella, de María Novaro (otros filmes que no volverán a ser exhibidos en nuestro país), lograron redondear una programación que colmó todas las expectativas. *
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