Un balance diferente del año que termina
En primer lugar cabría recordar algunas de las distinciones que, en este año que termina, han alcanzado algunas realizaciones autóctonas. El caso de En la puta vida de Beatriz Flores Silva puede resultar sintomático ya que, junto a los lauros ya cosechados en el 2001, ha continuado recibiendo reconocimientos como el Premio a la Mejor Actriz de Cine en el Festival de Viña del Mar (por Mariana Santángelo) y a la Mejor Dirección en el Festival Internacional de Bogotá mientras que la dupla Ravella/Stoll metió un gol de media cancha al quedarse con el premio mayor en la selección de guiones del Sundance NHK por su proyecto Whisky.
Por suerte la lista no culmina aquí ya que también Corazón de fuego de Diego Arsuaga conquistó el Premio al Mejor Guión y a la Mejor Película Latinoamericana en Montreal y el Premio del Público a la Dirección y Mejor Actor en Valladolid, además de haber sido nominada en la candidatura de Mejor Película Latinoamericana a los famosos Premios «Goya» de España. Por su parte, La espera de Aldo Garay obtuvo el Premio de la Organización Católica Internacional de Cine de Posproducción Cinematográfica para América Latina y otra distinción especial en el Festival de Nantes, lo que estaría corroborando, en su conjunto, el alto nivel que viene demostrando la producción audiovisual uruguaya.
Mientras tanto, algunas otras propuestas aguardan turno, con menor o mayor grado de desarrollo en su plasmación. Tal es el caso de El viaje hacia el mar de Guillermo Casanova, donde apenas restan algunos detalles de sonorización, aunque existen otras inquietudes bloqueadas por falta de fondos (a partir de la deuda del FONA), como Alma Mater de Alvaro Buela e incluso la mismísima Whisky de Ravella/Stoll (25 Watts) cuyo guión, como señaláramos, resultó seleccionado por el Sundance.
De todas maneras (y a pesar de la problemática económico- financiera que atraviesa el país), los realizadores encontraron mayor espacio para la difusión de sus productos en la televisión abierta (La lata; Montevideo es un pañuelo y Mañana será otro día) a la vez que se produjo la aparición de dos nuevas salas en la Torre de los Profesionales (de la empresa Grupo Cine) y la pantalla grande continuó siendo el entretenimiento preferido de los uruguayos, aumentando sus niveles de recaudación en taquilla con respecto a años anteriores.
Festivales son los de ahora
Esa cinefilia también quedó demostrada por las diversas propuestas que aterrizaron por estos pagos, consiguiendo gran poder de convocatoria. Como indiscutible punto de partida puede mencionarse al Festival Cinematográfico del Uruguay promovido por Cinemateca desde hace décadas; el festival esteño Europa, un cine de Punta; las dos muestras de E.F.I. (Cine de España, Francia e Italia) y el Festival de Cine de Montevideo, un proyecto concebido por la empresa Movie Center y la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay que alcanzó récord de espectadores en todas sus funciones.
Otras gestiones a destacar pueden ubicarse, por ejemplo, en la infatigable movida de Cinemateca que, con el ciclo Viva la diferencia, proyectó su propuesta al circuito comercial (hoy por hoy los servicios de la Institución también llegan al Cine Plaza Arocena de Carrasco); la creación del Premio a Mejor Película Latinoamericana de Fipresci (por iniciativa de la Asociación de Críticos de Cine del Uruguay), cuyo primera entrega ya tuvo lugar en el reciente Festival de Rio de Janeiro y por último también cabe señalar un ambicioso proyecto que nuclea a la mencionada Asociación de Críticos Cinematográficos con la Asociación de Artesanos Uruguayos para la consolidación de un Complejo Multicultural en la Plaza Cagancha.
A nivel del séptimo arte y afines, no ha sido tan mal año después de todo. *
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