Una ópera contemporánea
De acuerdo a las reseñas, no se trata de una música experimental sino más bien de una cruza de «sonido sinfónico» con música popular estadounidense y aires italianos.
Sea lo que resulte, es una oportunidad casi única de escuchar una ópera contemporánea. Las transmisiones desde el «Met», los sábados de verano, ya se están convirtiendo en un clásico para los amantes de la ópera. Puede confiarse en que se escucharán versiones impecables, aunque el repertorio en general sea prudentemente convencional y algo repetitivo. Un atractivo adicional no menor son los comentarios y entrevistas de los entreactos.
El título de este sábado interesa primeramente por el autor del texto, Arthur Miller, uno de los más importantes dramaturgos del siglo XX, que acaba de recibir el premio Príncipe de Asturias. La puesta de su El último yanqui por la Comedia Nacional, recibió recientemente cinco premios Florencio. Miller no sólo permitió que se realizara una ópera con su pieza, sino que colaboró en el libreto con Arnold Weinstein.
Panorama… fue estrenada en 1955 como pieza en un acto. Al año siguiente, tras casarse con Marilyn Monroe, en medio de las persecuciones del macartismo, adapta la pieza a dos actos para que Peter Brook la monte en Londres. En 1961, año en que Miller se divorcia de Monroe, Sydney Lumet dirige una primera versión cinematográfica de Panorama… El mismo año se estrena una ópera de Robert Ward y Bernard Stambler sobre su popular Las brujas de Salem.
Una montaje de 1998 de Panorama… gana tres premios Tony. Al año siguiente la Opera Lírica de Chicago estrenó la ópera de Bolcom que escucharemos este sábado en versión neoyorquina, con dos arias nuevas y dirigida por Dennis Russell Davies. Esta versión fue estrenada el 5 de diciembre y ejecutada cuatro veces antes de ésta, su última función.
La obra aborda las tensiones de una pareja de inmigrantes que habita el barrio «italiano» de Red Hook, en Brooklyn, desde donde se ve el puente y el bajo Manhattan. Han criado a una sobrina que atrae al hombre y el drama se desencadena cuando llegan de Italia más parientes de la mujer, uno de los cuales se enamora de la muchacha. La última puesta en Montevideo de esta pieza fue realizada en El Galpón en 1995.
El compositor William Bolcom, de 64 años, se declara hijo espiritual del prolífico Darius Milhaud, quien incorporaba todo tipo de influencias folclóricas a su música. Reniega de un pasaje juvenil por el serialismo, luego del cual con su esposa, la mezzosoprano Joan Morris a la que acompaña al piano, hace treinta años que ejecutan música popular y «lieders semiclásicos». Su disco After the Ball: A Treasury of Turn-of-the-Century Popular Songs, de 1974, renovó el interés por los orígenes de la música teatral norteamericana.
En 20 álbumes posteriores han recorrido desde el ragtime cuyo revival promovió hasta un centenar de canciones de cabaret propias. A esto suma al menos otra ópera anterior, encargada también por la Opera Lírica de Chicago.
Bolcom afirma que «por definición, la ópera es un género de estilos mezclados», mezcla que ha sido el eje de su carrera. En esta obra de ítaloamericanos, la mezcla era inevitable y va con cierto tono británico en la voz del abogado que actúa de narrador, hasta en muchos momentos con sabor italiano. Pero, según las reseñas, las líneas melódicas son envueltas con densas armonías cromáticas para dar a los acordes un sabor actual, en el que se cuela el jazz, la música urbana, el sonido de Manhattan, incluyendo marchas y hasta insinúa algún tango (?).
En la pieza se escuchan tres versiones distintas de «Paper Doll». Hacia la mitad del primer acto el personaje de Rodolpho canta el aria Luces de Nueva York. Se ha dicho que desde Porgy and Bess ninguna ópera norteamericana había tenido un aria con tantas posibilidades de convertirse en un clásico pop. Todo esto podrá escucharse el sábado. Lo que no podrá verse es la escenografía que proyecta viejas fotos de Red Hook, Brooklyn y Manhattan, entre unos puentes donde canta el coro. *
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