FUERA DE CONTROL

Duelo actoral de un día agitado

Nunca cambies de carril en la autopista, ni tampoco manejes con esa displicencia arrogante. Porque la consecuencia será, inevitablemente, una colisión. Un cambio de palabras, dejar boquiabierto a quien te llevaste puesto y promover, así, una situación que trepará hasta la sofocación.

Fuera de control (Changing lanes), de Roger Michell, es pura dinámica, ritmo intenso y febril a partir de una fatalidad: un accidente de tránsito entre un abogado en ascenso (Ben Affleck) y un empresario en declive y acorralado por un divorcio en puerta (Samuel L. Jackson), promuevan una relación atípica, contracturada, ríspida y, finalmente, alocada.

Se instalará una especie de juego del gato y el ratón, de quién puede más o quién es más ingenioso cuando el abogado que compone con solvencia Ben Affleck, en el lugar del accidente, pierde un expediente fundamental para presentar en tribunales y, de ese modo, asegurar que una fundación con fines benéficos siga bajo el control del bufete del suegro (un impecable Sydney Pollack). Por ello, ese joven abogado ya está fuera de sí al punto de hacer lo que sea para recuperar, en lo que resta del día, ese manuscrito que por supuesto se lo quedó el personaje brillantemente construido por Samuel Jackson.

Lo que propone el cineasta es realmente atractivo: dentro de la gran metrópolis hace emerger y desarrollar una historia a contrarreloj y, en la propia acción y gestión de los personajes del conflicto y aquellos colaterales (Toni Collette, como la asistente de Affleck que lo ayudará en el problema; Dylan Baker, como el hacker que le cierra todas las puertas financieras a un desesperado Samuel Jackson; Amanda Peet, como la esposa de Affleck enviada por su padre a convencerlo de que debe necesariamente solucionar el tema o el futuro grandioso se volverá miserable). Hay una reflexión a favor de los procedimientos éticos, de los comportamientos transparentes y de las conductas si se quiere solidarias. La selva de cemento y su tremenda presión llevará a los personajes por otros territorios, pero de igual modo habrá un énfasis en lo ya anotado: la idea de que, aun en situaciones límites, no se debe perder los patrones éticos que deben regir por encima de intereses o deseos personales.

Hay que subrayar las atrayentes líneas de diálogos, el superlativo rendimiento actoral de los protagonistas (el ferviente duelo actoral entre Jackson y Affleck), los climas en que se envuelven ambos con intensa disposición expresiva, el montaje rápido para barnizar al relato de esa sensación de vértigo interior y exterior que se volverá más que quisquilloso. ¿Quién ganará el juego? Merece verse. *

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