La inteligencia llega por señales codificadas
Acaso lo que mayor expectativa causó, en el transcurso de esta temporada televisiva codificada, fue el más que esperado final de Los expedientes X (Fox): los agentes Mulder y Scully (David Duchovny y Gilliam Anderson) finalmente se reencontraron en un epílogo realmente espectacular y que, por cierto, en un desenlace parcialmente abierto, probó y comprobó aquellas investigaciones en torno a presencia extraterrestre, aunque la serie dejara emanar un sabor agridulce en los personajes. La genial creación de Chris Carter obtuvo un éxito a escala planetaria y por eso hoy puede seguir disfrutándosela con su reiteración.
Claro que, si de novedades hablamos, el plato fuerte de la temporada lo otorgó la señal de HBO: nadie pudo resistirse a la originalidad de una serie como Six feet under. Gestada por el excepcional Allan Ball (guionista de Belleza americana, el filme de Sam Mendes), el segmento –ya en su segunda temporada con seis premios Emmy– alcanzó ribetes superlativos en cuanto al desarrollo de sus historias que parten de un perímetro de muerte (una funeraria) para alumbrar vida, roces y conflictos, júbilos y emociones varias, de su rendimiento actoral. Brillante ejercicio televisivo dichoso en inteligencia, en ductilidad y en seducción: la mejor serie del 2002.
Otras series trascendentes de la temporada fueron 24 (Fox), Los Osbournes (MTV) y Sex and the city (Cinecanal): la primera, protagonizada por Kiefer Sutherland en el rol del agente Jack Bauer que descubre un complot para asesinar al presidente de Estados Unidos, tuvo notables aciertos formales y un contenido marcado por el suspenso y más que nada por la falta de aliento. Mientras tanto Los Osbournes fueron, sin duda, la revelación de la temporada: el músico, ex Black Sabbath, Ozzy Osbourne decidió practicar su fiesta roquera hacia adentro de la casa con toda su familia y se transformó, por méritos propios, en la comedia que acaba de dar un salto olímpico en su género: por su irreverencia y osadía, por un espíritu si se quiere transgresor esa familia tan normal, tan freak en el decir estadounidense, se volvió un punto de inflexión y un llamado permanente a las risas por las situaciones creadas dentro de un ambiente muy liberal, muy sui generis. Excelente.
Sex and the city, para muchos la mejor serie de los últimos años, algo bastante discutible si se piensa en series como Oz y Los Soprano, con el grupo de adultas encabezado por Sarah Jessica Parker, ingresaron en la cuarta temporada con historias estrictamente vinculadas al tópico de las pertenencias afectivas. No obstante, sin demasiadas variaciones, la serie –que acaba de iniciar su quinta temporada– ha alcanzado una superaudiencia, caso por los avatares de esas mujeres que plantean una mirada diferente, ampliamente reflexiva, a veces dubitativa, constatadora de la condición humana y del ser y estar de la mujer en su roce con los hombres.
Otras series que pueden mencionarse, aunque con menor rango: para la espléndida creación de David E. Kelley, Ally Mc Beal (Fox), con Calista Flockhart y Peter McNichol, se trató de un año de transición. Quiso renovarse, seguramente oxigenarse con la inclusión de nuevos personajes (uno de ellos caracterizado por Jon Bon Jovi, el músico) y acertó y erró. El encanto se mantiene en ese bufete de abogados que aman la música de Barry White.
Max Bickford (Fox) fue otro de los puntos atractivos: los días conflictivos, altamente emotivos del high-school a través de la mirada de un profesor (Bickford) encarnado formidablemente por Richard Dreyfuss: un mundo con sus reglas y sus transgresiones, veteado toda la narración por un neto perfil humanista. La mente del hombre casado fue otra de las gratas novedades de HBO: sus principios de deseo, sus insatisfacciones y satisfacciones, sus fantasías, la morada afectiva, todo en un pase de comedia con barnices dramáticos. Un hallazgo que, en cierta manera, evocó a Treinta y pico.
De los series policiales, tal vez la más solvente sea CSI (Sony) con rol protagónico para Wolfang Petersen y Marg Halbengger. La cultura criminológica leída y actuada desde el lugar científico. La serie tuvo tanto éxito que se inició una versión de CSI Miami, con rol estelar para el ascendente David Caruso. Otra que merece destaque: Alias (AXN) no solamente descubrió a una actriz que va a dar que hablar muy pronto –la espectacular Jennifer Garner (hija de James)–, sino que al mismo tiempo, aun con los clisés del género, expuso episodios muy intensos y soberbiamente actuados a partir de esa agente del FBI tan bella como implacable.
Pero acaso lo más importante de la televisión fue el superproyecto en que se embarcaron Steven Spielberg y Tom Hanks: Band of brothers fue, sin duda, la miniserie más costosa de la historia de la televisión y también la más impresionante en términos de rodaje, narración, fotografía, montaje, elección de escenarios, efectos visuales, escenografía y desarrollo de los personajes en la apasionante historia de la Compañía Easy durante el estrépito de la Segunda Guerra Mundial. A tal punto que, si se lo medita bien, y ahora que el género bélico ha vuelto a ser taquillero, Band of brothers fue el filme más importante de la temporada, incluyendo a los largometrajes (cine) que se estrenaron. Se aliaron dos talentos y surgió una desgarradora, bella, historia desde Dunkerke a las Ardenas.
Otra miniserie importantísima fue, evidentemente, Dash and Lilly (HBO): la historia de esa fascinante pareja de escritores, Dashiell Hammett y Lillian Hellmann, con performances estupendas de Sam Shepard y Judy Davis, obtuvo momentos muy inspirados, momentos impecables y fidelidad biográfica. Excelente. Por el momento, es lo posible y necesario de este agitado 2002. *
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