Cine uruguayo

El cine nacional tuvo su cupo con producciones varias. Puede decirse que el resultado impresionó tan desparejo como heterogéneo. Por un lado Estrella del sur vino a ser otra fallida intentona de Luis Nieto (sobre texto que le pertenece y cuenta la historia del choque generacional entre un ex integrante de movimiento guerrillero y su hijo). Mejor suerte alcanzó Corazón de fuego de Diego Arsuaga, una co-produción uruguayo-hispano-argentina sobre grupo de veteranos que decide robar un antiguo tren   verdadera reliquia del patrimonio nacional   para evitar que sea vendido a una multinacional extranjera. En este caso, la presencia de Héctor Alterio, Gaston Pauls, Federico Luppi y Enrique Soriano probablemente haya opacado el carácter de una producción autóctocna (muy bien filmada, por cierto) que debió vestirse con galas ajenas para competir a nivel internacional.

Quizás la apuesta de Daniela Speranza, Mala racha tenga más que ver con la posible realidad de un cine uruguayo que nos identifique. Modesta, con aciertos en el desarrollo de personajes y diálogos, la película en formato electrónico supuso un punto a favor en un panorama relativamente escuálido. También, en el plano documental, Gerardo Stawsky presentó credenciales a tener en cuenta con A pesar de Treblinka mientras Mario Handler reiteraba su pulso maestro en Aparte, un título sobre vida marginal en Mointevideo que se exhibió fugazmente en Cinemateca Uruguaya. *

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