A pura disidencia
Ya no puede haber nada estrictamente nuevo en Pearl Jam, a excepción de bellas canciones que tengan el recorrido, la insignia rítmica y melódica en sus días más inspirados. Digamos, por ejemplo, Vitalogy. Y acaso Riot Act, su flamante disco que incluye quince canciones, es una vuelta a esa pulsación disidente que les otorgó prestigio, ser uno de los voceros de la estética grunge y hasta del rock de garage con tintes panqueques.
Riot Act se frontaliza de tal modo en sus textos, en su actitud cancionística que tal vez es uno de los discos de mayor rango de los Pearl Jam: transitan precisamente del grunge a las inflexiones baladísticas con climas melancólicos; del rocanrol furioso al blues y aires hindúes y más rocanrol a medida de las posibilidades de Eddie Veder y los suyos.
Lo cierto es que los Pearl Jam colocan su llamado de alerta ante el nuevo orden mundial, y Veder no tiene ningún rollo en explicitarlo en una canción inflamadísima como «Bush leaguer», todo un alegato contra las formas de autoritarismo que impactó en los medios estadounidenses a la salida del compacto.
Lo cierto es que mientras resucitan a Nirvana, retornan los Foo Fighters con aire guerrero y potentísimo, Pearl Jam desde luego debía estar en la línea de fuego: es lo que se propone Riot Act con sus canciones -estética-de-choque, y a decir verdad, funciona. Nada de facilismos, de tono panfletarios en los textos. Sencillo y directo al corazón, como para que te saque la modorra o te caigas de la realidad virtual en que capaz estás viviendo. *
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