ARTE

Al cierre de la temporada

 

Perplejidad ante lo que se ve y, sobre todo, ante lo que no se ve o ante lo que no se escribe. Es que, a un mes de la apertura de los grabados de Rembrandt, con un aluvión diario de visitantes, a un promedio de dos mil personas por día, lo que hace diez mil en la semana, los suplementos culturales y semanarios que se vanaglorian de tener una opinión independiente y hasta críticos de la prensa diaria, no han registrado ni siquiera con el énfasis debido, esa genial presencia en el Museo Nacional de Artes Visuales. Desdeñosos de lo que importa, entretenidos en recoger actividades menores de amigos y allegados, con una ausencia notoria del ejercicio de la función periodística y la ética informativa que comporta, descubren tardíamente algunas salas periféricas mientras persisten en ignorar otras. La cultura artística en la muy fiel y reconquistadora ciudad de Montevideo se tornó, casi sin advertirlo, patética, tristemente provinciana. Pasará mucho tiempo antes de que una exposición de similar calibre histórico recale por estas orillas. También no deja de asombrar la «popularidad» de Rembrandt entre el público uruguayo pues no es uno de los genios preferidos por las multitudes o divulgado por los medios de comunicación (como Miguel Angel o Picasso) y además, que esa circunstancia no haya impulsado el análisis sociológico por los comentaristas de turno tan sensibles a hechos más irrelevantes y fugaces. Son datos para ser inscriptos en otro capítulo de la historia local de la infamia en las artes visuales.

Hay que recordar que las 83 estampas de Rembrandt y el agregado de una treintena de seguidores, permanecerá abierta hasta el 29 de diciembre de miércoles a domingo de 16.00 a 20.00 horas, con sesiones diarias (dobles el fin de semana) de videos (hay dos nuevos que se incorporaron) sobre el artista holandés. El catálogo se agotó rápidamente y se pueden conseguir, todavía, algunos ensayos sobre su vida y obra en el propio museo y en librerías. Y es un servicio gratuito, privilegio que en Europa, como toda exposición temporaria, costaría como mínimo un billete de Eduardo Fabini. Otrosí, termina el ciclo Historia Universal del Arte en Video con la proyección de Historia de la fotografía que, aunque con diálogos en francés, se puede seguir perfectamente la secuencia desde los orígenes hasta hoy, con firmas insoslayables de la cámara clara.

El Premio Paul Cézanne en discusión

El nuevo Premio Paul Cézanne instituido por la embajada francesa es, y fue desde su origen, la mejor retribución a los talentos jóvenes uruguayos. Tuvo sus variaciones. La versión anterior fue intolerable por implicancias en su organización y pese a la denuncia en tiempo y forma siguió adelante con las irregularidades, indiferentes a la razón y a la ética. El tribunal de 2002 incorpora la representante de una galería de arte, una designación que no se compadece con las normas usuales. Es sabido que los jurados no pueden integrarse con agentes comerciales o maestros de talleres de enseñanza por obvias implicancias económicas, afectivas y de orientación estética. Aquí se comete ese error con una galerista de Besançon y miembros uruguayos disímiles, uno sin antecedentes en la materia. Sin embargo y aun sin saber la calidad de la veintena de participantes eliminados, el resultado con los cinco finalistas es honorable.

Con una presentación muy cuidada (Centro Municipal de Exposiciones), visualmente eficaz, discreto catálogo, los premios fueron más generosamente repartidos que en anteriores oportunidades. Claro, los pasajes en avión luego del 11 S, se abarataron por la crisis de las compañías aéreas y la vida en provincia es más económica. Así surgieron tres premios con pasajes de ida y vuelta a Francia con estadías diferenciadas (de diez días a tres meses, antes era uno solo de seis meses, luego empezó la escalada divisoria y pasó a dos). Los proyectos elegidos, nada claros ni muy inspirados, nada convincentes (el más atractivo, parece ser el de Patricia Llobet) se realizarán en el país anfitrión. Quizá más importante para jóvenes no muy viajados sea el contacto con el medio artístico local (colegas coetáneos, conversaciones con personalidades de instituciones importantes, tomar el pulso y el comportamiento de un ambiente cosmopolita) que distraerse en elaborar un trabajo que puede insumir largo tiempo que puede hacerse al regresar. Tres meses pasan volando entre visitas a museos, galerías, muestras temporarias y talleres. París es una fiesta, una ciudad enciclopédica, donde hay que descubrir, además, lugares poco accesibles o conocidos, incluso por los franceses (la Maison de Verre, el ex centro Cultural Americano en Bercy o el complejo cultural y arquitectónico de Noissy /Marne-.la-Vallée, para señalar ejemplos clave), entre la mucha arquitectura reciclada o innovadora indispensable de ver, además de comparar (por lo menos visualmente) el más hermoso restaurante del mundo (Le Grand Véfour) con la decoración reciente de Philippe Parreno y Pierre Huyghe del Etienne Marcel, de conocer los nuevos criterios de librería en la Taschen del diseñador Philippe Starck, calibrar la diferencia entre los talleres de principio de siglo (La Ruche, que cumple cien años, o los alrededores de la Maison Fournaise preferidos por los impresionistas), con los actuales, o la diferencia entre los cafés literarios (Select, Le Dôme, la Coupole, Les Deux Magots o el Flore, ya que desapareció el revolucionario Costes). Sin olvidar que los jardines de Giverny, el ambiente de Auvers-sur-Oise y Aix-en-Provence son absolutamente incontorneables por referentes históricos admirablemente conservados. Si se sabe poner en contacto a los premiados con lúcidos curadores (Christine van Asche en el Centro Pompidou, la mayor especialista en video o Yves Michaud, inteligente ex director de la Escuela de Bellas Artes) saldrán realmente enriquecidos y sensibilizados con una experiencia única. Por eso los viajes, bien estructurados, son indispensables para la formación artística. Claro que hay que prepararse antes de salir y conocer al dedillo los lugares y personas que descubrirán. De lo contrario son recorridos turísticos y epidérmicos.

Otras exposiciones

El pintor, escultor y grabador croata Ante Sardelic nacido en 1947 en la isla de Korcula, formado en la Escuela de Bellas Artes de Zagreb, residente en Toronto, Canadá, desde 1972, de vida nómade como corresponde a los tiempos que corren, hace una exhibición de acrílicos, estampas y dibujos en el Hall de la Sala Vaz Ferreira de la Biblioteca Nacional. Obras de mediano formato (las pinturas son mayores) donde demuestra su dominio técnico para el gofrado y el dinamismo de sus composiciones semiabstractas, intensas en el dibujo y en el cromatismo. Sin mayor esfuerzo emerge el parentesco con los dibujos de Picasso para Guernica que Saderlic sortea con convicción. Pero interesan más tres dibujos recientes por donde circula una libertad operativa diferente, quizá inicio de una opción renovada formalmente.

En la nueva librería La Lupa de Bacacay 1318 bis, se habilitó, en la parte superior que se accede por una funcional escalera de caracol, una salita de exposiciones. Hasta hace poco estuvo el salteño Federico Arnaud, con la excelente instalación presentada en el 50º Salón Nacional de Artes Visuales, y actualmente se hospeda Daniel Barbeito con pinturas que no carecen de cierto encanto naïf, como la referencia a la unipersonal efectuada en el Quai Monte Bello de París.

Por el Cabildo de Montevideo continúan dos muestras. Marcelo Mendizábal denomina El revés de la trama (sin ninguna referencia a la novela homónima de G. Greene) a una serie de trabajos hechos sobre tela e impresi

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